¿Por qué no leo?

📷 Anete Lusina

CARLA GUELFENBEIN

Hace un par de años fui invitada a la feria del libro de Torino a presentar una de mis novelas traducidas al italiano. Pero no quiero hablar de la feria, de la ciudad y su río, de sus portales y sus paseos arbolados, de los prestigiosos escritores de todas partes del mundo que conocí, sino de una servilleta. Sí, de una humilde servilleta blanca que estaba en todos los cafés de la feria. Alguien tuvo la idea de plantearle a un amplio grupo de personas una pregunta muy sencilla: ¿Por qué lee? Y un puñado de estas respuestas se imprimió en la servilleta. Me pareció un homenaje a la lectura tan bellamente simple, que me traje una, y ahora está enmarcada y colgada en mi departamento. Aquí algunas de estas respuestas.

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📷 Nicole Honeywill

“Leo porque me he enviciado. Leo porque no tengo nada más que hacer. Leo para matar el tiempo. Leo en braille porque es la única forma que tengo de conocer el mundo. Leo para quedarme dormido. Leo para soñar. Leo porque escribo. Escribo porque leo. Leo porque crezco. Leo para evadirme. Leo porque estoy vivo. Leo porque me gusta. Leo porque así puedo tener una opinión. Leo porque estoy enamorado. Leo para que los demás me vean leyendo. Leo porque me relaja. Leo porque me hace bien. Leo porque sí.”

Hice esta misma pregunta hace algunas semanas a un grupo de alumnos de octavo y primero medio en un colegio en el área más pobre de Quilicura. Los chicos y chicas se miraron sorprendidos. Risas, cuchicheos, y luego silencio. Estábamos en la pequeña biblioteca del colegio y por las ventanas escuchábamos las voces de los chicos de otros cursos que ya habían salido al recreo. No era una tarea fácil mantener la atención de mis cautivos. Entonces les dije: “no leen mucho, ¿verdad?” Y un gran “Sí” no tardó en llegar. Entonces les hice la pregunta contraria: “¿por qué NO leen?”. Y le pedí a cada uno que escogiera un rincón de la sala y escribiera sus razones en un pedazo de papel que no tendrían que mostrar a nadie. Sería su secreto, un diálogo personal. Me impresionó la dedicación con que se embarcaron en su acometido. Pasaban los minutos y ellos continuaban escribiendo, concentrados y apasionados frente a una pregunta que más tarde me confesaron nunca se habían planteado. Una vez que terminaron, les pedí que guardaran su texto dentro de sus mochilas. Les mostré la servilleta de Torino y les propuse que hiciéramos una que fuera de nosotros, una de Quilicura. Que cada uno escribiera tan solo una de las razones por las cuales no leía.

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📷 Kari Shea

He aquí nuestra servilleta:
“No leo porque es aburrido. No leo porque no tengo libros. No leo porque prefiero mi celular. No leo porque no puedo concentrarme. No leo porque en mi casa duermo con dos de mis hermanos y en el día tengo sueño. No leo porque los libros que nos obligan a leer en el colegio son lateros. No leo porque los libros hablan de cosas que me dan lo mismo. No leo porque no tengo dónde leer. No leo porque no sé qué leer. No leo porque es muy lento. No leo porque nunca nadie me ha regalado un libro. No leo porque mi pololo dice que es ridículo. No leo porque mis amigas no leen. No leo porque no tengo tiempo. No leo porque soy muy nervioso. No leo porque un día mi padrastro estaba borracho, me encontró leyendo, y me rompió un diente con el libro. No leo porque a mi mamá le da pena que lea porque dice que cuando grande voy a escaparme de aquí. No leo porque no sirve para nada. No leo porque todo esto es una mierda”.

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📷 Lonely Planet

Luegó les pedí que respondieran la pregunta original, pero un poco cambiada. “¿Por qué me gustaría leer?”
He aquí sus respuestas. “Quiero leer para saber. Quiero leer para viajar. Quiero leer para decir que leo. Quiero leer para hablar mejor. Quiero leer para impresionar a mi pololo. Quiero leer para salir de aquí. Quiero leer para escribir. Quiero leer para ser mejor. Quiero leer para terminar el colegio. Quiero leer porque la escritora nos contó la historia de Cirano el narigón feo que conquistó a la princesa más linda porque sabía hablar bien. Quiero leer porque es bonito”.

Y usted, ¿por qué lee? O al revés, ¿por qué no lee?

*Artículo original publicado en Paula.

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📷 Konstantin Dyadyun