El jefe tóxico

📷 Tetrebbien

MARIANA PACHECO ORTIZ

Se le llama “jefe tóxico” porque decir “persona carente de habilidades para el liderazgo” quedaba muy largo. Y es que ser una persona íntegra no es requisito para ser responsable de área en una empresa que proyecta buena imagen pública, mientras al interior recrea el último círculo de Dante.

La pregunta es sencilla: ¿guía como líder o manda como jefe? Bien lo resume la canción de S.B.S. “Izquierda, derecha, ¡left right! Follow the leader, leader, leader, follow the leader, ¡sígueme!”, pues se trata de eso: que, sin necesidad de imposiciones con mecanismos nada ortodoxos, inspiren y motiven a los subalternos para colaborar gustosos en tareas y proyectos.

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📷 Levi Saunders

Voy a centrarme únicamente en dos tipos de jefes, cuyos matices dan pie a una amplia clasificación que bien da para otra entrega. Sabemos qué es malo porque hemos conocido lo bueno, pues sólo conviviendo con personas diestras para procurar el equilibrio y la imparcialidad al dirigir un grupo, podrás distinguir, a leguas, a las que son déspotas.

La diferencia entre “ser vil” y “servil” depende de si el jefe tóxico se dirige a un subalterno o a un superior, pues se comporta como tirano con el primero y rastrero con el segundo. Suele ser duro con las espigas y blando con las espuelas. Altanero, autocrático, soberbio, se cree infalible y no acepta opiniones discordantes. Caretas con las que busca esconder su inseguridad, complejos de inferioridad, proyectados a la inversa, y falta de confianza en sí mismo.

¿Te resulta familiar lo que lees?, es porque son muchos los que encajan en ese perfil. Los autores del libro, Nuevo management para dummies, Ana María Castillo y Juan Carlos Cubeiro, sostienen que cuatro de cada 10 jefes son tóxicos. Como ves, no puedo decir que mi animal mitológico favorito sea el Jefe Tóxico, porque son más reales que los impuestos que hay que pagar al Servicio de Administración Tributaria (SAT).

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📷 The Creative Exchange

El molde no falla. Así que cuando veo a un incompetente de inmediato empiezo a llamarle “jefe”, pues quienes cubren el perfil tóxico son personas subnormales ocupando puestos directivos, cuyo único mérito es el compadrazgo o que saben venderse bien, pues los talentos que poseen es el enredo y la manipulación ¿Quién no conoce a un jefe colocado por adulador, arribista o servidor acrítico de quien tiene el poder de nombrarlo? Con capacidad sí, pero para envolver a sus superiores o conseguir su respaldo y protección por diversas razones.

Para que este tipo de personas sobreviva a la transición del nuevo Consejo Directivo de la compañía, le basta emular a San Pedro: tiene que negar tres veces al superior (anterior) y al final puede terminar fundando el Vaticano (en tal caso, conseguir aferrarse, como lapa, a su puesto).

Y si además se dice devoto (de cualquier religión), incluso cura o pastor (alemán o belga, más bien por su conducta), estas historias bíblicas le sirven de ejemplo, retorcido claro está.

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📷 Robert Zunikoff

Las pelotas anti estrés funcionan mejor si en vez de apretarlas se las lanzas al jefe. La cultura laboral tóxica crea un clima laboral hostil, afecta la salud de las personas, el sentido de pertenencia y la relación con el cliente, con consecuencias negativas en el crecimiento de la empresa. En contraposición, una buena relación entre jefes y empleados mejora la productividad y los resultados de la compañía.

En vez de cohesión, genera división en el equipo de trabajo, al practicar el favoritismo, dando privilegios a unos y restringiendo derechos a otros, por su necesidad de comprar adeptos o muestras de lealtad, producto de su inseguridad, falta de profesionalismo y bajo sentido de la justicia. Lo anterior disminuye el rendimiento y el compromiso hacia la organización, ocasionando conflictos y dificultad para el trabajo en equipo.

Si un día le preguntan a un ejemplar de estos cómo llegó a esa posición, no sorprendería que confiese ejercer los oficios de albañilería y electricidad, por lo que, tras ver un anuncio de solicitud de reparación, llegó hasta su actual oficina diciendo: “Vine por lo del ‘contacto’” y así se coló. Típico.

El personaje en cuestión también anhela ser el centro de atención, por eso repite una y otra vez los mismos chistes sin gracia y goza oyendo risas, aunque sean fingidas. Si no le hacen comparsa siente lesionado su sensible ego: ignorado. Se torna agresivo comportamiento arbitrario que obedece a su necesidad de malentendido reconocimiento.

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📷 Nicole Harrington

En un convivio con colegas, si un jefe tóxico me insiste tomar unas cervezas, no accedería: ¿verlo doble? No, gracias. ¡Sólo eso faltaba! Con uno ya sobra prepotencia. La frustración que rezuma, guardada en su mente obtusa, se refleja en su intolerancia y lo llevan a demostrar sin tapujos su misoginia, homofobia, xenofobia y la abierta tendencia a discriminar al resto de personas por algún rasgo, sin antes asomarse a un espejo. O peor, que se asome el gato y vea a un león: distorsión cognitiva, le dicen.

Según la revista Psychology Today, la misoginia es un odio inconsciente que los hombres, en su mayoría, forman desde temprana edad, como resultado de un trauma con una figura femenina en la cual confiaron: una madre, novia (que quizá lo plantó) o profesora abusiva, afectandolos a nivel emocional y en la toma de decisiones racional.

Si un jefe tóxico me pide autocrítica yo no dudaría en reconocer que sí, quizá, soy impulsiva cuando él es imbécil. Pues el misógino es controlador, egocéntrico, que usa de modo frecuente lenguaje violento, soterrado con supuestas bromas para que pase desapercibido. Pero una cosa es la confianza, la camaradería y otra la falta de respeto y grosería que socava la dignidad de la persona.

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📷 Scott Umstattd

Si bajo sus órdenes se encuentra una mujer eficaz, diligente, con criterio, que sabe argumentar, no lo soporta, ya que sólo verla le recuerda su nimiedad, incompetencia e inutilidad. La única forma que tiene de sentirse importante es anularla, por lo tanto buscará humillarla, pues es su forma de supurar su miseria y cobardía.

La actitud controladora puede hacer de la oficina un verdadero campo minado, pues la amargura del jefe tóxico salpica a sus colegas al tratar de manejarlos. El sólo hecho de llevar un libro para leer mientras tienes un tiempo libre le provocará escozor, porque es una actividad que te hace pensar y ahí el único “pensante” es él. ¡Ajá!

Tampoco puede verte sonreír con franqueza porque pone cara de compungido, hasta parece Coralina, el peor personaje de triste final en la serie española Merlí que versa sobre Filosofía.

Ante un personaje así, no resulta extraño escuchar que en víspera de la Navidad algún compañero pregunte si “Fuck you” se escribe junto o separado, porque está preparando una postal navideña para el jefe o cómo se oye mejor: “Partirle la mandarina en gajos”, o “Romperle la maceta”, para escribir la carta a los reyes magos.

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📷 Tom Roberts

Patricia Evans, autora del libro Gente controladora, dice que la persona controladora trata de dictar la realidad, pues tiene necesidad de sentirse superior, con poder y, al ser cuestionada o recibir opiniones diferentes, se siente vulnerable, amenazada, ya que tiene una autoestima sensible.

Y, ¡claro!, para demostrar poder una forma muy sencilla es dormir, ¡sí!, no importa que sea día hábil, horario laboral, dentro de la oficina con los pies sobre el escritorio y con un estridente concierto de ronquidos (que si los metes a Shazam seguro te sale Iron Maiden), para que no quede lugar a dudas quien manda ahí, digamos que es el equivalente a la orinada de los perros para marcar territorio.

Si has tenido la buena fortuna de esquivarlos en tu camino profesional, ¡enhorabuena! Si no, te digo que la mejor forma de reaccionar, ante un jefe tóxico, es la inteligencia y el desdén.

Aquí algunas características que podrás identificar en los jefes tóxicos que los diferencian de los líderes, quienes emplean niveles altos de comunicación interna para lograr objetivos, son grandes motivadores y abonan al aumento de la productividad de los trabajadores a su cargo.  Se ganan la confianza, el respeto, la admiración y hasta el cariño.

JEFE TÓXICO/LÍDER

  1. Asume todo el crédito./ Reconoce la aportación y el esfuerzo.
  2. Se le ve como a un superior./ Es un compañero comprometido.
  3. Utiliza a las personas./Estimula el potencial de cada uno.
  4. Atemoriza./Infunde respeto.
  5. Se enfoca en el trabajo./Se centra en el equipo.
  6. Piensa a corto plazo/Piensa en el futuro.
  7. Amenaza./Inspira.
  8. Provoca confusión./Genera confianza.
  9. Es el vivo ejemplo de lo que no debe hacerse./Causa admiración.
  10. Mediocre./Profesional.
  11. Incompetente./Talentoso.
  12. Mal manejo de la ira./Ecuánime.
  13. Rígido./Flexible.
  14. Inseguro, acomplejado./Autoconfianza.
  15. Discriminador./Equitativo.
  16. Autocrático./Abierto a propuestas e ideas.
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📷 Frankie Cordoba