El voto de Cárdenas, Marcos y Heberto…

MARIANA PACHECO ORTIZ

La única virtud actual de Andrés Manuel López Obrador es haber montado una red de resonancia para sus dichos. Un inmenso aparato de difusión que envía mensajes incluso desde África. Una estructura muy bien articulada con capacidad de agresión inmediata y masiva que tiene tiempo en funciones. Eso hace la diferencia porque, en esencia, no hay otro Andrés Manuel: es aquel perfilado por Cárdenas, Marcos y Heberto.

En 2018, están señaladas: las compañías desacreditadas por las que se rodea; operadores cuestionados por su deshonestidad política; sus posiciones a conveniencia y de acuerdo con quien le escucha, no por congruencia y principios; su percepción personalista, patrimonialista y autoritaria del poder. Nada es nuevo. Es lo que ha sido.

Basta recordar algunos textos públicos de estos personajes progresistas para ver cómo, en contexto diferentes, el fondo prevalece.

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El excandidato presidencial Cuauhtémoc Cárdenas publicó, en El Universal, una carta a Elena Poniatowska, el 13 de septiembre de 2006 (Enlace: aquí) para responder por qué su ausencia en el activismo de López Obrador:

“Mis desacuerdos o desencuentros con él no son de carácter personal. Las diferencias que existen entre ambos son relativas a las formas de hacer y entender la política.

“En el círculo de colaboradores cercanos de Andrés Manuel se encuentran algunos de los que instrumentaron el fraude electoral y la imposición en 1988 desde el gobierno, el Partido Revolucionario Institucional, la Cámara de Diputados y la Comisión Federal Electoral, que impuso la banda presidencial a Carlos Salinas el 1 de diciembre de 1988.

“Además, el que instrumentó la privatización del Canal 13 de la televisión; el que ha declarado que el proyecto económico de Andrés Manuel es el mismo que el de Carlos Salinas; el que pretendió promover la reelección de éste. Pero a ninguno, que se sepa, ha pedido Andrés Manuel explicación sobre su cambio de piel política y ninguno la ha dado públicamente.

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“Este mismo grupo es el que ahora, con algunas adiciones, acompaña a Andrés Manuel en sus nuevos proyectos y el de quienes podría pensarse que formarían parte de su gobierno, que no sería por sus antecedentes y falta de deslindes, un gobierno identificado con los principios y las luchas  de la izquierda mexicana.

“Yendo a otros temas, me preocupa profundamente la intolerancia y satanización, la actitud dogmática que priva en el entorno de Andrés Manuel para quienes no aceptamos incondicionalmente sus propuestas y cuestionamos sus puntos de vista y sus decisiones, pues con ello se contradicen principios fundamentales de la democracia, como son el respeto a las opiniones de los demás y la disposición al diálogo.

“Me preocupan los cambios contradictorios de línea política: a un medio de información norteamericano Andrés Manuel le declaró no ser de izquierda, cuando había declarado serlo a lo largo de precampaña y campaña.

“Lo que hago es defender el derecho a disentir, a pensar diferente, a pensar que cuando se ha impedido ha conducido a dictaduras, opresión, represión, sectarismos e intolerancia”.

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El Subcomandante Marcos, ahora Galeano, en el comunicado titulado “Un pingüino en la selva Lacandona”, publicado el 23 de julio de 2005 por La Jornada, expone (Enlace: aquí):

“Mmh… López Obrador. Acaba de presentar su “Proyecto Alternativo de Nación” ante las redes ciudadanas. Nosotros desconfiamos y no vemos más que un maquillaje plástico (que cambia según el respetable) y una lista de promesas olvidables. Como quiera, tal vez alguien pueda decirle a AMLO que no puede prometer “el cumplimiento de los Acuerdos de San Andrés”, porque eso significa, entre otras cosas, reformar la Constitución, y si mal no recuerdo ése es trabajo del Congreso. En todo caso, la promesa la debería hacer un partido político, señalando que sus candidatos cumplirán si son elegidos. De otra forma, tendría que proponerse que el Ejecutivo federal mandara sobre los otros poderes o los desconociera. O sea, una dictadura. Pero no se trata de eso. ¿O sí?

“En la política de arriba, los proyectos buscan, en los periodos electorales, sumar lo más que se pueda. Pero al sumar a unos, restan a otros. Entonces deciden sumar a los más y restar a los menos. Como estructura paralela al PRD, AMLO ha creado las “redes ciudadanas” y su objetivo es sumar a los que no son perredistas. Para esas “redes ciudadanas”, AMLO presenta a seis personas que van a coordinar, a nivel nacional, a todos los lopezobradoristas no perredistas. Veamos a dos de los “coordinadores nacionales”.

“Socorro Díaz Palacios, subsecretaria de Protección Civil en el gobierno de Carlos Salinas de Gortari. El 3 de enero de 1994, mientras los federales perpetraban la matanza del mercado de Ocosingo, declaró (cito el boletín de prensa de la Secretaría de Gobernación): “Los grupos violentos que están actuando en el estado de Chiapas presentan una mezcla de intereses y de personas tanto nacionales como extranjeras. Muestran afinidades con otras facciones violentas que operan en países hermanos de Centroamérica. Algunos indígenas han sido reclutados, presionados por los jefes de estos grupos, y también, sin duda, manipulados en torno a sus reclamos históricos que deben seguirse atendiendo”. Y más adelante: “El Ejército Mexicano, por su parte, seguirá actuando con gran respeto a los derechos individuales y de la población, hasta dar una respuesta clara y decidida a la demanda de orden y seguridad… bla, bla, bla”. En los días subsiguientes la Fuerza Aérea bombardeaba las comunidades indígenas al sur de San Cristóbal de las Casas, y el Ejército detenía, torturaba y asesinaba a 3 indígenas en la comunidad de Morelia, entonces en el municipio de Altamirano, Chiapas, México.

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“Ricardo Monreal Avila. En enero de 1998, apenas unos días después de la matanza de Acteal, el entonces diputado por el PRI e integrante de la Comisión Permanente del Congreso de la Unión, comentó “que el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) es un grupo paramilitar, al igual que aquellos que victimaron a los 45 indígenas tzotziles el 22 de diciembre de 1997 en Chenalhó, Chiapas. Porque paramilitar es todo aquel que actúa como Ejército sin serlo y se arma siendo civil. Todos tienen que desarmarse, porque todos han contribuido a esta violencia innecesaria, injusta y torpe que nos ha enlutado a todos los mexicanos”, indicó (El Informador, de Guadalajara, Jalisco, 3/I/98). Días después, antes de pasarse al PRD, porque en el PRI no le dieron la candidatura al gobierno de Zacatecas, declararía (cito la nota de Ciro Pérez y Andrea Becerril, en La Jornada, 7/I/98) que el episodio de Chenalhó (se refiere a la matanza de Acteal) sí estaba planeado, “pero no por quien asegura el líder blanco de los indígenas de piel oscura”. Opina que la posición del EZLN respecto a la matanza trata de “allegarle una justificación adelantada a Marcos y a los intereses que protege”, y termina advirtiendo que el EZ sirve a intereses extranjeros que buscan “obtener el dominio de la zona del Istmo de Tehuantepec, sus recursos y su ubicación estratégica, objetivo al que adecuadamente sirven Marcos y los ejércitos que disputan la bandera indígena”. Mmh… me suena, me suena… sí, es el punto 28 del programa de AMLO, que dice, textual: “Vincularemos el Pacífico con el Atlántico, en el Istmo de Tehuantepec, mediante la construcción de dos puertos comerciales: uno en Salina Cruz, Oaxaca, y otro en Coatzacoalcos, Veracruz, así como ferrocarriles de carga de contenedores y la ampliación de la carretera existente”.

“Con esos personajes, López Obrador se ha definido, ha sumado a unos, y con ellos ha restado, entre otros, a los “neozapatistas”.

“Pero, por otro lado, ¿por qué no hay nada en ese programa sobre los presos y desaparecidos políticos en la guerra sucia de los 70 y 80? Ni sobre castigo a los ex gobernantes que se enriquecieron de manera ilícita. Ni sobre hacer justicia en los casos de las masacres de Acteal, El Bosque, Aguas Blancas, El Charco. Temo que, en justicia, López Obrador ofrece “borrón y cuenta nueva”, lo que, paradójicamente, no es nuevo.”

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El líder y preso por el Movimiento del 68, Heberto Castillo Martínez, quien declinó su candidatura presidencial por el Partido Mexicano Socialista, a favor de Cuauhtémoc Cárdenas, en 1988, también dejó un testimonio. En el último párrafo del artículo “Una política económica de consenso” en el libro Heberto y el PRD, editado por la revista Proceso, señala:

“Quiero manifestar mi rechazo al método de acción del compañero Manuel López Obrador, que desde Monterrey declaró que advirtió a Chuayffet que no fuera Zedillo a Tabasco porque podría haber violencia. La toma de instalaciones o bloqueo de carreteras no son el medio adecuado ni conveniente para protestas. Si se quiere expresar el rechazo a la visita se puede hacer un mitin o una marcha, pero no lastimar los derechos constitucionales de terceros. Lamento también que acciones como las que ocasionaron los hechos de violencia se ordenen estando a cientos de kilómetros de distancia de Villahermosa y sin consulta alguna a la dirección nacional del partido. El PRD no puede ser dirigido unipersonalmente”.

Ahí está la historia. Lo significativo es que quienes, en verdad, conocen a Andrés Manuel López Obrador no votarán por él…