La trilogía de la vida

Brooke Lark

DAVID TOVILLA

Un 5 de marzo nació el escritor, filósofo y cineasta Pier Paolo Pasolini. Su vida fue cegada a los cincuenta y tres años, en 1975, en un asesinato nunca aclarado.

El Decamerón, Los cuentos de Canterbury y Las mil y una noches constituyen la Trilogía de la vida de Pasolini. Datan de 1971, 1972 y 1974 respectivamente, pero se mantienen incólumes. No han tenido sucesoras, ni para recrear el trabajo de Giovanni Boccaccio y Geoffrey Chaucer ni por el regodeo artístico con que fueron realizadas. Aunque son productos separados, el autor italiano la consideró una sola película en tres episodios. Cambian los escenarios, pero el punto común se mantiene: una extraordinaria exaltación de la vida y la sexualidad humana. A la fecha, algunas escenas resultan raras por el desfase técnico con nuestra época; no obstante, la manera de generar una emoción permanece intacta. Ningún director, por lo visto, se ha atrevido a oponer una nueva versión a la erigida por Pasolini que ilustra textos del patrimonio literario universal. El mérito de la Trilogía no está en el cúmulo de pequeñas historias contadas, sino en la manera de presentarlas: con jocosidad, irreverencia, deleite, siempre anclados a la condición humana. Amor, lujuria, ambición, entre otros temas, se aluden porque ocurren en el camino de hombres y mujeres por satisfacer el deseo. La debilidad y carácter propulsor del placer en los humanos es atávico. La trilogía opone el poderío de la pasión a lo complicado de la vida. La anécdota erótica está vinculada con la nada tersa existencia y la complejidad de los sentimientos.

william-felker-38344
Fotografía: William Felker

Para darle autenticidad a sus filmes, Pasolini desistió de presentar a actores formales, de carrera, caracterizados por sus perfiles modelo, de rostro perfecto, cabelleras acicaladas. Descartó a esos hombres y mujeres no defectuosas pero plásticas, inverosímiles. Optó por personajes reales. Fue a buscarlos a los poblados y los incorporó a sus filmes. Agregó la personalidad extrovertida de Ninneto Davoli, quien aparece en los tres bloques con diversos personajes. Ninneto encarna la actitud misma de la Trilogía de la vida: es un ser feliz, a pesar de las adversidades y peripecias. Es ingenioso, dispuesto, pícaro. Ríe con emoción y diversión. Silba al realizar una faena. Brinca de alegría cuando le ocurre un suceso positivo. Esa expresividad y constancia lo convierten en la imagen pasoliniana por excelencia. Por algo Davoli está en todos los carteles de estas películas, trátese de la época y el idioma que sea.

Otro componente de la grandeza de la Trilogía es que Pasolini conjunta los actores, el escenario y el trabajo fotográfico desde la perspectiva de un artista plástico. Es como ver un cromo de época. El espectador no se enfrenta a una película sino al resultado de una sensibilidad artística. Lo central es la manera de acercarse a todo. Contemplación, encanto y proximidad.

jakub-kapusnak-296131
Fotografía: Jakub Kapusnak

Pasolini presenta, en primer lugar: El Decamerón. El director es fiel a los nueve textos escogidos de los cien que conforman la obra publicada por Boccaccio, en 1349. La virtud de Pasolini no está en las historias, puesto que ya las dijeron y contaron sus autores. El mérito está en la manera de llevarlas al cine. Pasajes, personajes sucios, desdentados, con escupitajos, moscas, desenlaces lúbricos se graban en la memoria. No hay manera de evitarlo.

En el segundo bloque: Los cuentos de Canterbury escritos por Chaucer, se conserva la misma urgencia carnal como centro de acercamientos y desencuentros humanos, contados, subraya Pasolini: “por el sólo placer de contar”.

edgar-castrejon-459807
Fotografía: Edgar Castrejón

El cierre de la trilogía es espectacular. Las mil y una noches es la mejor parte. Pasolini despoja al célebre texto árabe de los episodios de acción y de su conocida historia principal sobre Shahrazad y el rey de Persia, Sharîyar. A tono con las obras anteriores presenta pasajes, narraciones breves, entrecruzadas. Pero si los dos bloques anteriores tenían un componente social con mordacidad, éste se centra, en absoluto, en la superación de todos los obstáculos para el amor y el eros. Las mil y una noches reúne: imaginación, regocijo, afecto, fogosidad. La embelesadora cinta concluye con una frase: “La verdad no se encuentra en un sueño sino en muchos sueños”.

Cabe recordar que Ennio Morriconi fue el autor de cabecera de las bandas sonoras de Pier Paolo Pasolini. El distinguido músico italiano trabajó en la Trilogía de la vida, integrada por esos tres filmes inolvidables. Las cintas se encuentran, con facilidad, en cualquiera de los soportes modernos para ver en casa.

luke-michael-27050
Fotografía: Luke Michael