No está ansiosa, tampoco baila, le escuece la etiqueta…

MARIANA PACHECO ORTIZ

Existen pocas mentes tan perversas como las que han ideado la fabricación de etiquetas tan grandes, de materiales ásperos en sitios insospechados. Y es Zara la que destaca por su estilo de maxi etiquetas con tanto texto que está a punto de quitarle el Récord Guiness a la novela más extensa escrita hasta ahora: A la búsqueda del tiempo perdido, del francés Marcel Proust. Creo que leerte las etiquetas de esta marca bien podría contar como libro.

No recuerdo en qué momento éstas se convirtieron en un aditamento más largo que los shorts de mezclilla o las mini faldas. De hecho, cuando leo en una invitación que el código de vestimenta es de etiqueta, me imagino a los asistentes con ropa de Zara al revés.

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Fotografía: Imani Clovis

El aumento del tamaño en los últimos años puede deberse a que no siempre se exhibe la marca sobre la prenda, entonces lo hacen en etiquetas cada vez más grandes, pues las firmas conocen la necesidad de los clientes de asegurarse de la pertenencia de la marca.

Lo cierto es que la industria textil debe cumplir ciertas normas que establecen dar cuenta de los insumos empleados para manufacturar la ropa, los códigos de color y modelo, el número de partida, así como instrucciones de cuidado (tal parece que además de esa información agregaran un informe de los accionistas de la empresa).

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Fotografía: Clark Street Mercantile

También debe incluir el origen y todos los países a donde se distribuye. Por ejemplo, lo que se fabrica en China por una marca internacional que la vende en todo el mundo, a nuestro país va a llegar con etiquetas de al menos tres países y en distintas lenguas.

Y es que sólo usar ropa interior con semejante legajo de etiquetas, me dan ganas de contactar el servicio al cliente y solicitar que me manden esos datos en PDF. Tengo la impresión de que algunos fabricantes utilizan más tela en elaborar etiquetas que el propio vestuario.

Tratando de verle el lado positivo, en esta época de bajas temperaturas bien podría coserme una frazada con tantas etiquetas que trae un vestido de Zara. Recientemente, me compré una bufanda con unas tan largas que al ponérmela me confundí y me enrollé al cuello las etiquetas. Vale aclarar que las etiquetas extensas no se restringen al vestuario, pues también he visto cojines con unas tan grandes que bien podrías hacerte con ellas un juego de sabanas.

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Fotografía: Brooke Cagle

Compras una prenda y olvidas quitarlas, hasta que los bultos visibles o la molestia te lo recuerda. Al regresar a casa lo primero que haces es retirarla. La experiencia te advierte que descoserla podría estropear la indumentaria, entonces te decides a cortarla, pero no lo logras del todo y en la siguiente ocasión que la usas te saca ronchas o escuece la parte donde ocurre el roce, ya sea el cuello, a un costado, la columna o el muslo.

O peor aún, aparecen otras que no habías notado. Es como si los encargados de agregarlas invirtieran su ingenio en escoger cuidadosamente los sitios más recónditos. Cuando de pronto veo a alguien caminar raro por la calle, como rascándose, o con actitud ansiosa, pienso: «Debe ser la etiqueta». Sólo queda apelar a la piedad de los fabricantes, para que las humanicen.

Yo, harta de ellas, tras haberlas retirado, termino metiendo la ropa a la lavadora a diestra y siniestra, sin atender las recomendaciones de uso y conservación, pero con que recuerde sacarla ya tengo bastante.

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Fotografía: Igor Ovsyannykov

No voy a negar que he llegado a lamentar por haberme precipitado al eliminar etiquetas sin haberlas leído (tal vez las marcas deben mejorar la narrativa). Lo ideal sería que las marcas, ya puestas a invertir unos cuantos metros de tela en etiquetas, vayan al grano en indiquen que tal pieza tras un par de lavadas terminará con más pelusa que un borrego, que quedará más tiesa que tú, que toda la ropa adquirirá ese color o simplemente que los pantalones de mezclilla también se lavan.

Y no lo sé, pero quizá para las marcas del grupo Inditex (hago más referencia este porque son de las etiquetas más extensas que he visto) el éxito significa lograr que los clientes compren prendas únicamente para arrancar las etiquetas, fabricarse algo con ellas y tirar la ropa a la basura. Incluso he llegado a pensar que en sí la ropa de esta firma no es tan cara, sino el metro de etiqueta.

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Fotografía: Tobias Van Schneider