Actitud, no acritud en Nochebuena

Kirstyn Paynter

MARIANA PACHECO ORTIZ

Si no acaba a navajazos (metafóricos, obvio) por tema de lindes, no la llames cena de Navidad. Y es que llega la época más esperada del año por la mayoría, pues al margen de la religión que cada cual profese, en estas fechas muchos disfrutan vacaciones, viajes, reciben aguinaldos y ocurren variados festejos que son razones más que suficientes para esperar con ansias el fin de año.

El ambiente navideño se respira en todas partes con adornos propios del periodo decembrino. Hay casas con tanta iluminación que, sin duda, atraen a civilizaciones de otros planetas. Es más, estoy segura de que la fachada de la vivienda de mi vecina es visible desde la estación espacial.

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Fotografía: Joana Kosinska

Es tiempo de dejar atrás la previa frugalidad que adoptamos para recibir espigados esta temporada de comilonas, postres hipercalóricos, bebidas burbujeantes, que son la mezcla perfecta para que la cuesta de enero, en vez de subirla, la bajemos rodando.

Los atracones, con cuyos restos de comida bien podríamos sobrevivir todo el mes de enero, se enmarcan en el puente Guadalupe-Reyes que, en casos extremos, podría prolongarse hasta el Día de la Virgen de la Candelaria, pasando por el Día del Señor de Esquipulas; pues si de comer se trata, cualquier santo es buen pretexto para hacer un puente tipo Dnyang-Kunshan.

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Fotografía: Nikola Jelenkovic

Y ¡claro!, destaca la tradicional cena de Nochebuena, que es el centro neurálgico de tantas celebraciones. Esos amados y agobiantes encuentros familiares en los que, como dijera Mecano, hacemos el balance de lo bueno y malo.

A mí me encantan estas fechas, en las cuales es inevitable que, en la reunión con parientes que casi no frecuentamos, nos pongamos al día en glorias y desdenes, pues como dice Marco Antonio Solís, otro año ya se ha ido, ¡cuántas cosas ha pasado!, algo hemos aprendido y algo hemos olvidado.

O quisiéramos olvidar, como pequeños roces de antaño que podrían venir a cuento y resultar estresantes. A lo largo de todo un año vivimos situaciones maravillosas y gratificantes para rememorar, no obstante, en medio del alborozo, también tomamos parte en el chismorreo trivial o respecto a nuestras metas para el próximo año. En mi caso, mi propósito de 2018 es cumplir los de 2017, pero en virtud de que siguen siendo los mismos de hace cinco años creo que ya prescribieron.

La cena navideña está salpicada, a partes iguales, de fraternidad, bromas y alguno que otro comentario ácido que, a manera de chanza, nos recuerda que hemos ganado unos kilos de más, lucimos escuálidos o que por enésima ocasión asistimos sin pareja.

Transcurren cuestionamientos sobre por qué no tenemos novio. Si ya somos casados, dirán que es momento de tener un hijo; si ya tenemos un hijo, que vamos lentos para el segundo (a quienes te hagan estos comentarios, incluso en bodas, bien podrías responderles que, cuando coinciden en un funeral, tú no les dices que también se están tardando para dar ese paso. Aunque es más recomendable atender el punto cinco que encontrarás más adelante).

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Fotografía: Rodolfo Marques

En vez de acritud ten actitud. Sabemos que no hay fiestas perfectas, pero sí el deseo y la disposición personal de hacer que los momentos compartidos en familia sean gratificantes, así que ante las inminentes festividades decembrinas debemos hacer nuestra parte para evitar fricciones y momentos incómodos: si Macaulay Culkin sobrevivió, con ocho años de edad, a una adversa Navidad en Mi pobre angelito, las siguientes recomendaciones pueden ayudarte a lograrlo.

1.     No hables de política, fútbol ni religión, es difícil que personalidades variopintas coincidan y sólo puede tornar un clima áspero.

2.     Ten presente que son fechas para dar recuerdos hermosos a los más pequeños, así que además de pastorearlos para que no incendien la casa, entre tanto jolgorio, también seamos cariñosos con ellos.

3.     No abordar, por ningún motivo, temas de dinero ni herencias, porque corres el riesgo de recrear la pasión de Cristo y tú serías la/el protagonista.

4.     Asiste acompañada/o. Sí, aunque el/la susodicho/a no sea tu pareja sembrarás la duda de una posible relación con esa persona y les distraerás, atemperando los ataques por ese frente.

5.     Esquiva indirectas tipo Neo en Matrix.

6.     Si no funciona ninguna de las anteriores para evitar embestidas, tu último recurso es imitar a los peces en el río que beben y beben y vuelven a beber, así nada te turbará, pues si no les disuades tampoco te importará.

No te inquietes, a fin de cuentas, tampoco es difícil sacudirnos el Grinch que amenaza con invadir nuestro ánimo, así que ¡disfruta tu cena!

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Fotografía: Toa Heftiba