Tolerancia

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EQUIPO COLOQUIO

La dedicatoria de un día para celebrar algo parece empezar a desgastarse. Sin embargo, de los días más importantes declarados por la Organización de las Naciones Unidas está el de la tolerancia. Continúa como una asignatura de trabajo porque la revolución digital no se ha aprovechado para la promoción de dinámicas tolerantes sino para esparcir actitudes de odio.

Bien lo señala Ivanna Torrico Escobar, en su texto El discurso del odio y la intolerancia y la política, distribuido por la Agencia de Noticias Fides:

“¿Es la intolerancia parte de nuestro ADN, o ha sido inyectada eficazmente  por los operadores políticos con sus discursos divisionistas. Vivimos en una cultura del odio en la actualidad?

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Fotografía: Tim Marshall

“Desde hace muchos años, los viejos zorros de la política han sabido utilizar esta estrategia, elegir un sentimiento primario y exacerbarlo hasta las últimas consecuencias. Inocularlo, como un germen que se multiplica sin demora, y avivarlo a cada instante, con cada declaración, mientras se transmite de uno a otro.

“La estrategia es vieja y es cruda. Las cruzadas constituyen un clásico en la materia, una obra maestra de la cual han aprendido muchos, con la promesa de llevar la salvación a los pueblos que estaban condenados a un infierno que no existía, arrasaron civilizaciones y menguaron poblaciones para que quienes venían detrás pudieran quedarse con todo.

“La reciente campaña de Trump nos hace pensar que su equipo de estrategas ha utilizado de manera eficaz este sentimiento  primario en el electorado.

““Atacar, atacar, atacar;  desmentir, desmentir, desmentir”, fue la táctica de  Roger Stone, principal ideólogo de la campaña republicana y columna vertebral de la brutal y despiadada estrategia que llevó a Donald Trump a la Casa Blanca.

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Fotografía: Ashley Gerlach

“Sin respeto al juego democrático, sin un relato constructivo, ni políticas públicas definidas, ni agenda internacional, el objetivo fue simplemente destrozar al rival mediante ataques personales, desmentidos posteriormente, tan simple como demoledor, tan brutal como efectivo.

“La campaña Make America Great Again (“Hagamos a Estados Unidos nuevamente grande”),  obligó a que la gente diga sí o no, o estás conmigo, o eres el enemigo y  esa fue su mayor fortaleza.

“Hoy en día son muy pocos los políticos que utilizan un mensaje de unidad, tolerancia y consenso.

“¿Pero qué tan expuestos estamos en la actualidad al odio los ciudadanos, contribuimos de alguna manera a alimentar esta cultura del odio y la pregunta clave, nosotros mismos nos alimentamos de él?

“Un discurso radical y antisistémico se ha venido profundizando en las Redes Sociales, erradicando en muchas ocasiones la posibilidad de sostener debates informados en el marco del respeto y la tolerancia que le dan sustento a una cultura amplia de los derechos humanos. En lugar de encontrar en el ciberespacio una nueva forma de manifestar ideas y críticas razonadas, el discurso de odio va ganando espacios en beneficio de una visión de demérito a las opiniones diferentes. Esa ruta es equivocada. En todo caso sólo nos lleva a la descalificación y al desprecio a los demás.

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Fotografía: Jens Johnsson

“Sin duda, nos  enfrentamos a una nueva forma de hacer campañas electorales  motivadas por la industria del odio, plagadas de trolls que bajo el anonimato tienen la libertad de insultar, descalificar, denigrar y desprestigiar a cuantas personas se encuentren en su camino. Me atrevo a afirmar que  con el tiempo este tipo de estrategia llegara a cansar al electorado hasta el hastío.”

Por ello, es necesario recordar, este 16 de noviembre, Día Internacional de la Tolerancia, los párrafos esenciales de la Declaración de Principios signada en 1995 por los países reunidos en las Naciones Unidas:

Significado de la tolerancia

La tolerancia consiste en el respeto, la aceptación y el aprecio de la rica diversidad de las culturas de nuestro mundo, de nuestras formas de expresión y medios de ser humanos. La fomentan el conocimiento, la actitud de apertura, la comunicación y la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión. La tolerancia consiste en la armonía en la diferencia. No sólo es un deber moral, sino además una exigencia política y jurídica. La tolerancia, la virtud que hace posible la paz, contribuye a sustituir la cultura de guerra por la cultura de paz.

Tolerancia no es lo mismo que concesión, condescendencia o indulgencia. Ante todo, la tolerancia es una actitud activa de reconocimiento de los derechos humanos universales y las libertades fundamentales de los demás. En ningún caso puede utilizarse para justificar el quebrantamiento de estos valores fundamentales. La tolerancia han de practicarla los individuos, los grupos y los Estados.

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Fotografía: Alicia Steels

La tolerancia es la responsabilidad que sustenta los derechos humanos, el pluralismo (comprendido el pluralismo cultural), la democracia y el Estado de derecho. Supone el rechazo del dogmatismo y del absolutismo y afirma las normas establecidas por los instrumentos internacionales relativos a los derechos humanos.

Conforme al respeto de los derechos humanos, practicar la tolerancia no significa tolerar la injusticia social ni renunciar a las convicciones personales o atemperarlas. Significa que toda persona es libre de adherirse a sus propias convicciones y acepta que los demás se adhieran a las suyas. Significa aceptar el hecho de que los seres humanos, naturalmente caracterizados por la diversidad de su aspecto, su situación, su forma de expresarse, su comportamiento y sus valores, tienen derecho a vivir en paz y a ser como son. También significa que uno no ha de imponer sus opiniones a los demás.

La función del Estado

En el ámbito estatal, la tolerancia exige justicia e imparcialidad en la legislación, en la aplicación de la ley y en el ejercicio de los poderes judicial y administrativo. Exige también que toda persona pueda disfrutar de oportunidades económicas y sociales sin ninguna discriminación. La exclusión y la marginación pueden conducir a la frustración, la hostilidad y el fanatismo.

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Fotografía: Shane Rounce

A fin de instaurar una sociedad más tolerante, los Estados han de ratificar las convenciones internacionales existentes en materia de derechos humanos y, cuando sea necesario, elaborar una nueva legislación, que garantice la igualdad de trato y oportunidades a todos los grupos e individuos de la sociedad.

Para que reine la armonía internacional, es esencial que los individuos, las comunidades y las naciones acepten y respeten el carácter multicultural de la familia humana. Sin tolerancia no puede haber paz, y sin paz no puede haber desarrollo ni democracia.

La intolerancia puede revestir la forma de la marginación de grupos vulnerables y de su exclusión de la participación social y política, así como de la violencia y la discriminación contra ellos. Como confirma el Artículo 1.2 de la Declaración sobre la Raza y los Prejuicios Raciales, “todos los individuos y los grupos tienen derecho a ser diferentes”.

Dimensiones sociales

En el mundo moderno, la tolerancia es más esencial que nunca. Nuestra época se caracteriza por la mundialización de la economía y una aceleración de la movilidad, la comunicación, la integración y la interdependencia; la gran amplitud de las migraciones y del desplazamiento de poblaciones; la urbanización y la transformación de los modelos sociales. El mundo se caracteriza por su diversidad, la intensificación de la intolerancia y de los conflictos, lo que representa una amenaza potencial para todas las regiones. Esta amenaza es universal y no se circunscribe a un país en particular.

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Fotografía: Alex Block

La tolerancia es necesaria entre los individuos, así como dentro de la familia y de la comunidad. El fomento de la tolerancia y la inculcación de actitudes de apertura, escucha recíproca y solidaridad han de tener lugar en las escuelas y las universidades, mediante la educación extraescolar y en el hogar y en el lugar de trabajo. Los medios de comunicación pueden desempeñar una función constructiva, facilitando un diálogo y un debate libres y abiertos, difundiendo los valores de la tolerancia y poniendo de relieve el peligro que representa la indiferencia al ascenso de grupos e ideologías intolerantes.

Como se afirma en la Declaración de la UNESCO sobre la Raza y los Prejuicios Raciales, es preciso adoptar medidas, donde hagan falta, para garantizar la igualdad en dignidad y derechos de los individuos y grupos humanos. A este respecto se debe prestar especial atención a los grupos vulnerables socialmente desfavorecidos para protegerlos con las leyes y medidas sociales en vigor, especialmente en materia de vivienda, de empleo y de salud; respetar la autenticidad de su cultura y sus valores y facilitar su promoción e integración social y profesional, en particular mediante la educación.

A fin de coordinar la respuesta de la comunidad internacional a este reto universal, se deben realizar y crear, respectivamente, estudios y redes científicos apropiados, que comprendan el análisis, mediante las ciencias sociales, de las causas fundamentales y de las medidas preventivas eficaces, así como la investigación y la observación destinadas a prestar apoyo a los Estados Miembros en materia de formulación de políticas y acción normativa.

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Fotografía: Daria Shevtsova

Educación

La educación es el medio más eficaz de prevenir la intolerancia. La primera etapa de la educación para la tolerancia consiste en enseñar a las personas los derechos y libertades que comparten, para que puedan ser respetados y en fomentar además la voluntad de proteger los de los demás.

La educación para la tolerancia ha de considerarse un imperativo urgente; por eso es necesario fomentar métodos sistemáticos y racionales de enseñanza de la tolerancia que aborden los motivos culturales, sociales, económicos, políticos y religiosos de la intolerancia, es decir, las raíces principales de la violencia y la exclusión. Las políticas y los programas educativos deben contribuir al desarrollo del entendimiento, la solidaridad y la tolerancia entre los individuos, y entre los grupos étnicos, sociales, culturales, religiosos y lingüísticos, así como entre las naciones.

La educación para la tolerancia ha de tener por objetivo contrarrestar las influencias que conducen al temor y la exclusión de los demás, y ha de ayudar a los jóvenes a desarrollar sus capacidades de juicio independiente, pensamiento crítico y razonamiento ético.

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Fotografía: Jade Masri

Nos comprometemos a apoyar y ejecutar programas de investigación sobre ciencias sociales y de educación para la tolerancia, los derechos humanos y la no violencia. Para ello hará falta conceder una atención especial al mejoramiento de la formación del personal docente, los planes de estudio, el contenido de los manuales y de los cursos y de otros materiales pedagógicos, como las nuevas tecnologías de la educación, a fin de formar ciudadanos atentos a los demás y responsables, abiertos a otras culturas, capaces de apreciar el valor de la libertad, respetuosos de la dignidad y las diferencias de los seres humanos y capaces de evitar los conflictos o de resolverlos por medios no violentos.

Compromiso para la acción

Nos comprometemos a fomentar la tolerancia y la no violencia mediante programas e instituciones en los ámbitos de la educación, la ciencia, la cultura y la comunicación.

Día Internacional para la Tolerancia

A fin de hacer un llamamiento a la opinión pública, poner de relieve los peligros de la intolerancia y reafirmar nuestro apoyo y acción en pro del fomento de la tolerancia y de la educación en favor de ésta, proclamamos solemnemente Día Internacional para la Tolerancia el día 16 de noviembre de cada año.

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Fotografía: Max Templeton