#280caracteres

 MARIANA PACHECO ORTIZ

¿Te comes 24 uvas a la media noche del 31 de diciembre para recibir el año nuevo? Pues algo similar plantea Twitter al duplicar sus caracteres de 140 a 280, excepto para los idiomas japonés, chino y coreano. La excusa de la marca ha sido “para que las personas pudieran expresarse más fácilmente en un tuit”.

La medida me ha parecido un desacierto, puesto que cuando el límite eran 140 letras (incluyendo espacios), el uso de Twitter requería cierta capacidad de síntesis o desarrollar esa habilidad, poner a trabajar el cerebro para escribir un mensaje preciso, conciso y macizo; sin embargo, ahora abre la posibilidad de escribir hasta una crónica, que para eso puedes abrirte un blog o, mejor aún, irte a Facebook.

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Fotografía: Noah Silliman

La histórica petición a Twitter era poder editar los mensajes para enmendar faltas de ortografía o evitar que los enlaces recorten caracteres. Pero resultó como un hijo renuente: le pides una cosa y hace otra.

El nombre de esta red social viene del vocablo inglés twitter, que en español significa ‘gorjeo’, es decir, el sonido que emiten los pájaros para comunicarse, la cual es breve. De ahí que el logotipo sea justamente un ave. Por tanto, me atrevo a decir que esta laxitud en los mensajes es el cambio más importante que ha tenido desde su lanzamiento en 2006.

La vida es muy corta como para andar leyendo tuits tan extensos. A mí, leer el doble de caracteres por mensaje me resulta maratónico. Por ejemplo, si sigues a más de 200 cuentas, tu línea de tiempo (TL) podría ser comparable a un Comunicado del Diario Oficial de la Federación (DOF) o una comparecencia ante el Congreso para aprobar la Cuenta Pública; y frente a eso, yo correré el riesgo de quedarme sin huellas dactilares para pasar, sin leer, tuits largos.

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Fotografía: Lucian Moldovan

Lo bueno, si breve, mejor. Su mayor virtud y lo que diferenciaba a esta red social era el esfuerzo que implicaba para condensar ideas, incluso Twitter estaba catalogado como micro-blogging porque las ideas, bromas, información y contenidos debían ser cortos, haciendo la lectura e interacción más ágiles.

Han quebrantado la experiencia minimalista y compleja que ofrecía Twitter de permitir la comunicación veloz a cambio de un ajuste extremo a la brevedad, la cual triunfó porque vivimos en una época de inmediatez. Resultaba un verdadero desafío ser perspicaz con pocos caracteres que apelaban siempre a nuestra capacidad de concreción.

Ceñidos a la expresión destilada en 140 caracteres podíamos montar una polifonía al dialogar, chancear, hacer memes, mofarnos de Rubí, hacer gala de nuestras dotes de climatólogos, solidarizarnos con otros por desastres, amenazar a Trump, arremeter contra Putin, linchar a ladys y lords, insultar a diestra y siniestra. Ahora, con mayor extensión, las injurias y ofensas se multiplicarán: es más fácil ser el doble de pesado, pero no el doble de ingenioso.

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Fotografía: Noah Siliman

Twitter resultaba tan práctico como en su momento los SMS: yendo al grano, pues no se prestaba a emitir análisis sesgados como los de Julio Astillero en La Jornada, sino ideas contundentes como las de Héctor de Mauleón en El Universal. Mejor ni pensar en las multimenciones, o las interacciones que podrían morir sepultadas.

La flecha se ha soltado y podría causar una herida grave al emblemático pajarito, pues se aproxima de manera peligrosa el proceso electoral y los políticos dispondrán de más caracteres para ser el doble de cansinos con más propaganda, además del impulso de hashtags (HT) patrocinados que ya efectúan, para lograr el feedback.

Por ahora, me quedo con la impresión de que ampliar un tuit a 280 caracteres significa un retroceso, pues no faltará quién caiga en la tentación de volver a la antigua costumbre del retuit (RT) manual para utilizarlos todos. Yo, los 140 que me sobran, estoy pensando seriamente regalarlos por no poder atender.

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Fotografía: Edouard Tamba

Entiendo que este cambio llega cuando se registra una disminución en el número de usuarios activos de Twitter, que ha orillado a los ejecutivos a buscar la vía para competir con Facebook e Instagram, pero Twitter no puede convertirse en ellos porque su esencia reside en su brevedad y con 280 caracteres en vez de tuiteros podríamos ser tertulianos.

Y claro, habrá quién espete: “No estás obligada a usar los 280 caracteres”, y tendrá razón, porque igual terminaré adaptándome, como ocurrió en su momento cuando agregaron la figura del corazón para sustituir la estrella que marcaba un tuit como favorito y con tantas otras modificaciones.

Mientras tanto, ejerzo mi derecho a sentirme melancólica buscando palabras para comprimir mis tuits, continuando con 140 caracteres: la esencia de Twitter.

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Fotografía: Ray Hennessy