Octavio Paz: ausencia entrañable

DAVID TOVILLA

«Sin pasión no puede existir una creación realmente grandiosa. La pasión es la potencia total del hombre».

Gertrude Stein

¿A quién recordar en la tradición de homenajear, por estos días, a los fallecidos? Sin duda, a Octavio Paz porque su obra constituye parte del patrimonio intelectual de México, aún desaprovechado. El fallecimiento del escritor, en abril de 1998, sólo ha impedido que continuara su ejemplar ejercicio reflexivo hasta el siglo veintiuno. Su vasta producción permanece como un excepcional temario de propuestas, rutas, descubrimientos. Sus letras irradian, contagian, transmiten, mantienen la pasión con las que su autor las generó.

Siempre es tiempo de leer a Octavio Paz. Su capacidad para asociar ideas y profundizar en los temas sociales o culturales, enseñan en todo momento. Desde coloquioyucatan.com planteamos puntos concretos en las razones para leer, preservar, abrevar y aprender en la obra de Octavio Paz.

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Fotografía: Mike Lewis
  • Único mexicano ganador del Premio Nobel de Literatura

La obra de Octavio Paz posee estatura propia aunque no hubiera recibido el máximo galardón de las letras mundiales. Lo obtuvo en 1990 y eso lo convirtió en el único mexicano, hasta la fecha, en haber alcanzado el reconocimiento de la Real Academia Sueca de Ciencias en la rama de literatura. Si bien el más reciente índice de lectura de la UNESCO ubica a México en el lugar 107 de 108, los mexicanos con oportunidad de leer debieran incorporar a su acervo personal al menos un libro de Octavio Paz. Por fortuna, la abundancia de temas del arte, la historia y la política permite abordarle desde intereses diversos. Ahí están: la pionera reflexión sobre la identidad del mexicano en El laberinto de la soledad; la panorámica exhaustiva sobre la vida de la Nueva España en Sor Juan Inés de la Cruz o las trampas de la fe; la teoría literaria de primer nivel en El arco y la lira, por mencionar algunos títulos. La variedad de sus ocupaciones intelectuales es enorme. Por tanto, los distintos intereses lectores, de acuerdo con los más diversos programas de lectura, pueden encajar con alguna de sus múltiples producciones. Es una necesidad conocer sus trabajos tal como él lo planteaba con cualquier asunto: de fuente directa, en sus palabras, porque es un pensador inigualable.

  • La personificación ejemplar del intelectual

El Diccionario de la lengua española (DRAE) proporciona tres acepciones al término intelectual: «1. Perteneciente o relativo al entendimiento. 2. Espiritual, incorporal. 3. Dedicado preferentemente al cultivo de las ciencias y las letras». Esto es: asociado al conocimiento y sin limitarse a un área del mismo. Octavio Paz tuvo la virtud de poseer dos capacidades: inteligencia y memoria. La primera como facultad para relacionar una situación con otra, interpretar, descifrar, concluir; la segunda, un atributo para recordar y disponer datos con precisión cuando se requiere. De ahí su erudición y su posibilidad de construir, improvisar, un ensayo al responder una pregunta o emitir un comentario. Para Paz no aplica ningún adjetivo parcial: poeta, literato, escritor, crítico de arte. Era la personificación total del intelectual. En un texto sobre Jaime Torres Bodet para la revista Vuelta, comentó: «No todos los escritores son intelectuales ni todos los intelectuales son escritores». Él era ambos. Un intelectual que vivía en el debate, la reflexión, la creación y la participación activa en la opinión pública. En el ensayo «La democracia imperial», de su libro sobre política internacional Tiempo nublado, define: «Las dos misiones del intelectual moderno son, en primer término, investigar, crear y transmitir conocimientos, valores y experiencias; en seguida: la crítica de la sociedad y de sus usos, instituciones y política». No era un personaje concentrado en sus motivos «artísticos». Opinaba sobre los grandes temas de la humanidad y alentaba a revisar, con profundidad y rigor científico, cualquier acontecimiento. Eso que cada vez ocurre menos, ahora, en tiempos de Twitter y Facebook.

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Fotografía: Jim Basio
  • Su obra ensayística: método a seguir

Los ensayos de Octavio Paz se distinguen por su solidez. Carecen de palabrerío, lugares comunes, abstracciones inalcanzables. Hay ideas, afirmaciones, planteamientos a través de las construcciones lingüísticas necesarias. La argumentación de su obra ensayística surge de la combinación de tres elementos:

En primer lugar: interrogarse sobre cualquier hecho del universo, proceder a su verificación y realizar un ejercicio de demostración. En el fondo, hay una curiosidad, un apetito por saber, un deseo de entender. De ninguna manera es una posición ilustrada, docta, autosuficiente o jactanciosa. Todo surge de una duda y la más apropiada manera de enfrentarla es aceptarla con sinceridad. Léanse sus apuntes sobre literatura de este continente en el libro In/mediaciones:

“¿Cómo distinguir a la literatura hispanoamericana de la española? Los franceses emplean una curiosa perífrasis para designar obras escritas en su idioma por autores belgas, suizos, senegaleses o antillanos: literaturas de expresión francesa. ¿Quién entre nosotros se atrevería a llamar a Darío (Rubén) o Vallejo (César) poetas de expresión castellana? El idioma castellano es más grande que Castilla. La aparente paradoja de la literatura hispanoamericana reside en que, escrita en castellano, sería manifiesta locura llamar escritores castellanos a Neruda (Pablo), Güiraldes (Ricardo), Rulfo (Juan). La paradoja es aparente porque si es verdad que las literaturas están hechas de palabras, también lo es que los escritores cambian a las palabras. Los escritores hispanoamericanos han cambiado al castellano y ese cambio es, precisamente, la literatura hispanoamericana”

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Fotografía: Taylor Leopold

Como puede apreciarse: pregunta, respuesta, reflexión; nuevas preguntas y respuestas para hacer didáctico, comprensible, el razonamiento. El segundo elemento es la exposición de todo este proceso de búsqueda con un lenguaje pulcro, preciso, claro y entendible. Por algo un pasatiempo declarado de Octavio Paz era leer el diccionario. Para confirmar siempre el uso adecuado, aplicable, para cada término con sus correspondientes sinonimias. Cuando expone, Paz describe, asocia, remite. Es una conversación, en vivo, que transporta al centro del objeto, sitio o fenómeno del que se habla. Es una combinación de conocimiento, percepción y vivencia. Es la capacidad de volcar en un fragmento, el que sea, la pasión por cada tema que se aborda. Porque, en los diversos ensayos, Paz tiene el mismo interés por llegar a la esencia, con espontaneidad.  Revísese la aplicación de este método en un apunte sobre Charles Fourier en El ogro filantrópico:

“La cocina norteamericana tradicional es una cocina sin misterio: alimentos simples, nutritivos y poco condimentados. Nada de trampas: la zanahoria es la honrada zanahoria, la papa no se ruboriza de su condición y el bistec es un jayán sanguinolento. Transubstanciación de las virtudes democráticas de los Fundadores: una comida franca, un platillo detrás del otro como las frases sensatas y sin afectación de un virtuoso discurso. A semejanza de la conversación entre los comensales, la relación entre las substancias y los sabores es directa: prohibición de salsas encubridoras y aderezos que exaltan a los ojos y confunden al gusto. La separación entre los alimentos es análoga a la reserva del trato entre los sexos, las razas y las clases. En nuestros países la comida es comunión y no sólo entre los convivios sino entre los ingredientes; la comida yanqui, impregnada de puritanismo, está hecha de exclusiones. La preocupación maniática por la pureza y el origen de los alimentos corresponde al racismo y al exclusivismo. La contradicción norteamericana —un universalismo democrático hecho de exclusiones étnicas, culturales, religiosas y sexuales— se refleja en su cocina. En esta tradición culinaria resultaría escandaloso nuestro culto por los guisos sombríos y pasionales como los moles —espesas y suntuosas salsas rojas, verdes y amarillas. También lo sería el lugar de elección que tiene en nuestra mesa el huitlacoche que, además de ser una enfermedad del elote, es un alimento de color negro. O nuestro amor por los chiles y las mazorcas de maíz, ellos del verde perico al morado eclesiástico y ellas del dorado solar al azul nocturno. Colores violentos como los sabores. Los norteamericanos adoran los colores y los sabores tiernos y frescos. Su cocina es como pintura al agua o al pastel”.

Claridad y sencillez permiten la comunicación eficaz aún en temas no tan del dominio colectivo.

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Fotografía: Michael Henry

En tercer lugar, mantener una visión multidisciplinaria que va de la Filosofía, pasa por la Literatura, llega a la Historia. La perspectiva de Paz nunca es inmediata, cómoda, predecible. Siempre tiene una visión universal, amplia, que trasciende cualquier coyuntura. Es el hombre parado frente al mundo. Nunca está solo. Habla con todos en los más variados lenguajes con las diversas formaciones profesionales. Interpela al presente y al futuro. Su diálogo es de iguales. Véase su discurso de recepción del Premio Nobel, en Estocolmo, el 8 de diciembre de 1990:

“Comienzo con una palabra que todos los hombres, desde que el hombre es hombre, han proferido: gracias. Es una palabra que tiene equivalentes en todas las lenguas. Y en todas es rica la gama de significados. En las lenguas romances va de lo espiritual a lo físico, de la gracia que concede Dios a los hombres para salvarlos del error y la muerte a la gracia corporal de la muchacha que baila o a la del felino que salta en la maleza. Gracia es perdón, indulto, favor, beneficio, nombre, inspiración, felicidad en el estilo de hablar o de pintar, ademán que revela las buenas maneras y, en fin, acto que expresa bondad de alma. La gracia es gratuita, es un don; aquél que lo recibe, el agraciado, si no es un mal nacido, lo agradece: da las gracias. Es lo que yo hago ahora con estas palabras de poco peso. Espero que mi emoción compense su levedad. Si cada una fuese una gota de agua, ustedes podrían ver, a través de ellas, lo que siento: gratitud, reconocimiento”.

No se trata de juegos de palabras, artificios. Es asociación de ideas, extensión de significados, plétora de contenido con un conocimiento multifacético.

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  • Sus letras advierten sucesos del siglo XXI

Octavio Paz fue un visionario inigualable. Interactuaba en su hoy pero colocaba una base para el mañana. Sin embargo, varias de sus posiciones personales de avanzada chocaron con la incomprensión, la diatriba militante, los intereses personales y hasta la ignorancia enceguecedora. El tiempo siempre pone a los personajes en su debido sitio. Sólo hay que saber visualizar conductas, obras, circunstancias. Lo más fácil es calificar y descalificar. Lo menos habitual es ponderar, valorar, reconocer. Pero nada de eso afectó la virtud de prospectiva de Paz. Advirtió lo que sucedería hasta con dos décadas de anticipación. Escribió y habló en el siglo XX lo que ocurrió en el XXI. Puede leerse en El ogro filantrópico su valoración sobre la Reforma Política impulsada por José López Portillo, en 1978:

Lo más probable es que ese remedo de pluralismo, lejos de aliviarla, agrave la crisis de legitimidad del régimen. Si así fuese, el desgaste del PRI se acentuaría y el Estado, para no disolverse, tendría que apoyarse en otras fuerzas sociales: no en una burocracia política como el PRI sino, según ha sugerido recientemente Jean Meyer, en la burocracia militar. Hay, sin embargo, otro remedio. Pero es un remedio visto con horror por la clase política mexicana: dividir al PRI. Tal vez su ala izquierda, unida a otras fuerzas, podría ser el núcleo de un verdadero partido socialista.

No fue necesario mucho tiempo para que la historia le diera la razón a Paz. Veinte años después, en 1988, la corriente democrática encabezada por Cuauhtémoc Cárdenas dividió al Partido Revolucionario Institucional (PRI). Dicha ruptura fue el inicio del fin del partido de Estado en México. Ese movimiento que, en efecto, se alió con otras fuerzas políticas derivó en la constitución del Partido de la Revolución Democrática (PRD), sucesor del Partido Mexicano Socialista (PMS). Este ejemplo documenta la admirable capacidad de análisis y proyección de Octavio Paz que se aplicaba a muchos temas de la política nacional e internacional. En otro momento, cuando escribió el prólogo al tomo nueve de sus obras completas, en 1992, advirtió:

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Fotografía: Ferdinand Stohr

Las campañas electorales se han transformado en espectáculos. ¿La política es ya una rama de la industria del entretenimiento? En todo caso, la capacidad de cada ciudadano para escoger libre y racionalmente ha sido gravemente dañada precisamente por los medios que dicen encarnar la libertad de opinión: la prensa, la radio y, muy especialmente, la televisión. ¿Cómo conservar la libertad de expresión y cómo impedir que esa libertad se convierta en un instrumento de domesticación intelectual, moral y política, como ahora ocurre?

Veinte años después: en 2012, el fenómeno advertido por Paz fue el principal señalamiento a la elección presidencial. Tal como corroboró el estudio Audiencias saturadas, comunicación fallida, la primera «mediografía» hecha en México y presentada por el grupo Delphos en 2013. No hay que hacer esfuerzo alguno para ver que la política, en esta época, nada tiene que ver con ética, principios, ideología, programa; y es, como bien dijo Paz: un espectáculo.

  • La comunión con las artes visuales

El gusto de Octavio Paz sobre la obra plástica, en particular el arte moderno, se refleja en dos tomos de sus obras completas denominados: Los privilegios de la vista. También en este terreno, plantea un acercamiento desde el gozo y la sensibilidad. Evita criterios y terminología técnica. Su crítica de arte se encamina a encontrar las revelaciones en un cuadro, una escultura. Lee los motivos pictóricos, los documenta y une con la historia. Realiza sus propias teorizaciones, como expone en el texto sobre la obra de Valerio Adami, en el libro Al paso:

En cada una de las artes reina un sentido. En la música, el oído; en la pintura, la vista. También en cada una de ellas el sentido rey necesita la presencia de otro sentido, que es simultáneamente su interlocutor y su contradictor, su contrapunto y su complemento. En la poesía, el oído está en perpetua relación con la vista; el poeta oye sus versos pero también ve sus imágenes. En la pintura, el tacto es el sentido complementario de la vista; el pintor, como todos los hombres, ve con los ojos pero, a diferencia de los demás, también toca y palpa con ellos. Para él, ver es tocar. Y por esto se dice que hay colores cálidos y fríos. El diálogo entre la vista y el tacto se repite a lo largo de la historia de la pintura. Hay artistas que son primordialmente dibujantes; otros que son coloristas. La vista, que es medición y distribución del espacio, guía la mano del dibujante; el tacto, ciego vidente, rige al ojo del colorista. Dos órganos: la cabeza y el corazón; dos facultades: el entendimiento y la sensibilidad; dos tradiciones en perpetua pugna y fusión.

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Fotografía: Shawn Appel

El procedimiento de Paz para la revisión estética se concentra en la apreciación visual directa. «Para ver de verdad hay que comparar lo que se ve con lo que se ha visto», dice en el prólogo al volumen sobre arte moderno universal. La relación de un poeta con las artes visuales deriva en ensayos con imaginación, discernimiento y cosmopolitismo. Al deleitarse con una obra y estudiarla, Paz anima al receptor a realizar ese mismo ejercicio. Su fascinación por el arte plástico recuerda que éste mantiene una especial comunión con la Literatura. En tanto expresiones humanas son manifestaciones de experiencias de vida.

  • Un intelectual de principios y convicciones

En 2014, Octavio Paz hace mucha falta con su sagacidad para leer los movimientos políticos y sociales del mundo. Su creencia en la libertad empezaba por ejercer su derecho a decir. Por denunciar, cuestionar y fustigar a los regímenes y el pensamiento totalitarios encubiertos en palabras como «revolucionarios» o «izquierdistas», pretendieron encasillarlo como «derechista» o «reaccionario». ¿Qué representante de la «derecha» puede decir algo sobre el marxismo como una de las respuestas de Paz a Gabriel Caballero para El Universal?:

“El marxismo es parte de la herencia intelectual y moral de Occidente. Las contribuciones de Marx —y en menor medida las de Engels— han sido capitales, sobre todo en el campo de la historia y de la economía. No podemos renunciar a Marx como no podemos renunciar, en el campo de la economía a Adam Smith o, en el de la historia, a Tocqueville. Además, el marxismo ha sido un pujante y profundo pensamiento crítico y moral; su influencia ha sido decisiva en la formación de la conciencia moderna. En este sentido todos somos, de alguna manera, marxistas… como también somos, aunque a veces no lo sepamos, neoplatónicos, estoicos, kantianos, darwinianos. Todas esas ideas y filosofías se han transformado, por decirlo así, en nuestra sangre intelectual y circulan, invisiblemente, en los espíritus modernos, animando e irrigando nuestras teorías y nuestras hipótesis”.

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Fotografía: Ruslan Valeev

Como científico social, Paz tenía clara la aportación del marxismo, en tanto filosofía. Eso no lo llevaba de manera mecánica a cerrar los ojos ante los totalitarismos con bandera roja. Su promoción apasionada de la democracia y la libertad tienen poca semejanza. Hoy, Octavio Paz, sin duda, ya hubiera emitido luces de sabiduría, ética y compromiso libertario sobre la injustificable intervención rusa en Crimea o el desenfreno totalitario en Venezuela. Por cierto, en este país se escenifica una vez más el discurso del mundo al revés: Nicolás Maduro, tacha de «fascistas» a quienes, con valor civil, toman las calles en contra de sus políticas que han demostrado su ineficiencia. Y, en nombre de la «izquierda», conculca derechos, agrede, persigue, viola domicilios, encarcela. Cuando no hay capacidad de discusión, se carece de argumentos y de razón, o se defienden intereses y no principios, se recurre a la descalificación. Aunque quienes hacen los señalamientos lo hagan para encubrir sus propias felonías. El improperio se olvida. En cambio, palabras como las de Paz son imperecederas por algo muy sencillo: son ideas, principios y convicciones. En «La libertad contra la fe», del volumen Ideas y costumbres I, de sus obras completas deja claro quiénes son o no los demócratas:

“La crítica a la democracia ha sido hecha muchas veces, por la izquierda y por la derecha. Una y otra coinciden en señalar que la democracia no es realmente democrática, quiero decir, que es una engañifa. Sin embargo, hay una manera muy simple de verificar si es realmente democrático un país o no lo es: son democráticas aquellas naciones en donde todavía, cualesquiera que sean las injusticias y los abusos, los hombres pueden reunirse con libertad y expresar sin miedo su reprobación y su asco. […] La libertad no es ni una filosofía ni una teoría del mundo; la libertad es una posibilidad que se actualiza cada vez que un hombre dice No al poder, cada vez que unos obreros se declaran en huelga, cada vez que un hombre denuncia una injusticia. Pero la libertad no se define: se ejerce. De ahí que sea siempre momentánea y parcial, movimiento frente, contra o hacia esto o aquello. La libertad no es la justicia ni la fraternidad sino la posibilidad de realizarlas, aquí y ahora. No es una idea sino un acto. La libertad se despliega en todas las sociedades y situaciones pero su elemento natural es la democracia. A su vez, la democracia necesita de la libertad para no degenerar en demagogia. La unión entre democracia y libertad ha sido el gran logro de las sociedades modernas de Occidente, desde hace dos siglos. Sin libertad, la democracia es tiranía mayoritaria; sin democracia, la libertad desencadena la guerra universal de los individuos y los grupos. Su unión produce la tolerancia: la vida civilizada”.

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Fotografía: Jeremy Bishop
  • Huellas inalterables en la vida de México

Octavio Paz se caracterizó por la iniciativa, la propuesta, el activismo cultural. Desde las revistas Plural y Vuelta, Paz compartió con los lectores una actitud: abierta a los temas de la sociedad y el arte e internacionalista. Su pretensión fue un diálogo hispanoamericano. Generar las reflexiones, controversias, plantear temas a discusión, proyectar autores, incorporar las traducciones. Esto es: llevar la dinámica intelectual a una publicación periódica. Esa escuela prevalece.

Existe otro aporte: la idea de constituir el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes. Hasta la actualidad y pese a disensos naturales, cuando se trata de asignación de recursos, permanece dicha instancia forjada por Octavio Paz. Diversos protagonistas, generaciones, grupos, se han beneficiado con los estímulos económicos instaurados en 1989. La contribución de Paz para fomentar la creación y la difusión de las obras artísticas y literarias en México se transformó en parte central e invariable de la política cultural del Estado.

  • Un pensador para la poesía

Octavio Paz participó en experimentos poéticos. Realizó versiones al español de los más importantes poetas del mundo. Hizo uno de los poemas de largo aliento más memorables en la poesía mexicana: «Piedra de sol». Su actitud reflexiva también se expresó en su poesía. Su producción poética reúne contenido estético con el sentido de indagador del poeta. Poesía y  pensamiento, corazón y mente, sentimiento y razón.

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Fotografía: Ruslan Valeev

En «Respuesta y reconciliación» de Poemas 1989-1996:

La vida no responde nunca.

No tiene orejas, no nos oye;

no nos habla, no tiene lengua.

No pasa ni se queda:

somos nosotros los que

                                      hablamos,

somos los que pasamos

mientras oímos de eco en eco y

                               de año en año

rodar nuestras palabras por un

                                    túnel sin fin.

En «Carta de creencia» de Árbol adentro:

Tal vez amar es aprender

a caminar por este mundo.

Aprender a quedarnos quietos

como el tilo y la encina de la fábula.

Aprender a mirar.

Tu mirada es sembradora.

Plantó un árbol.

Yo hablo

porque tú meces los follajes.

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En «La estación violenta» de Libertad bajo palabra:

Amar es combatir, si dos se besan

el mundo cambia, encarnan los

                                          deseos,

el pensamiento encarna, brotan

           alas

en las espaldas del esclavo, el

                                              mundo

es real y tangible, el vino es vino,

el pan vuelve a saber, el agua es

                                                 agua,

amar es combatir, es abrir puertas,

dejar de ser fantasma con un

                                             número

a perpetua cadena condenado

por un amo sin rostro;

                             el mundo cambia

si dos se miran y se reconocen,

amar es desnudarse de los

                               nombres.

Octavio Paz es aprendizaje permanente. Cada texto sobre política, literatura o arte hace crecer, plantearse otro ángulo de los temas. Su vivacidad, pasión, acuciosidad y rigor profesional vertidos en cientos de páginas son la mayor herencia intelectual del siglo XX para los mexicanos. Las suyas son letras apasionadas que sólo podía verterlas un hombre de trabajo, disciplinado, riguroso, incansable y con el permanente deseo de aprender, como expresó a Alfred MacAdam, a sus setenta y seis años:

“¿Adónde voy? Me hice esa pregunta cuando tenía veinte años, volví a hacérmela a los treinta, a los cuarenta, a los cincuenta… y nunca pude contestarla. Ahora sé algo: debo persistir. Esto quiere decir: vivir, escribir y enfrentarme, como todos, al otro lado de toda vida, a lo desconocido”.

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Fotografía: Martin Jernberg

Bibliografía

 JARA ELÍAS, José Rubén. Audiencias saturadas, comunicación fallida. «El impacto de los spots y las noticias en la campaña presidencial 2012». Fuente electrónica [en línea], Proyecto Delphos 2012, http://www.delphos2012.mx/ (Fecha de consulta: 28/03/2014).

PAZ, Octavio. El peregrino en su patria. Historia y política de México. Obras completas. Tomo 8. Círculo de Lectores/Fondo de Cultura Económica. Sexta reimpresión, México, 2006.

PAZ, Octavio. Fundación y disidencia. Dominio hispánico. Obras completas. Tomo 3. Círculo de Lectores/Fondo de Cultura Económica. Tercera reimpresión. México, 2004.

PAZ, Octavio. Generaciones y semblanzas. Dominio Mexicano. Obras completas. Tomo 4. Círculo de Lectores/Fondo de Cultura Económica. Tercera reimpresión. México, 2003.

PAZ, Octavio. Ideas y costumbres I. La letra y el cetro. Obras completas. Tomo 9. Círculo de Lectores/Fondo de Cultura Económica. Tercera reimpresión, México, 2004.

PAZ, Octavio. Ideas y costumbres II. Usos y símbolos. Obras completas. Tomo 10. Círculo de Lectores/Fondo de Cultura Económica. Tercera reimpresión, México, 2006.

PAZ, Octavio. Los privilegios de la vista I. Arte moderno universal. Obras completas. Tomo 6. Círculo de Lectores/Fondo de Cultura Económica. Tercera reimpresión, México, 2004.

PAZ, Octavio. Miscelánea III. Entrevistas. Obras completas. Tomo 15. Círculo de Lectores/Fondo de Cultura Económica. Segunda edición, México, 2003.

PAZ, Octavio. Obra poética I (1935-1970). Obras completas. Tomo 11. Círculo de Lectores/Fondo de Cultura Económica. Primera reimpresión, México, 1998.

PAZ, Octavio. Obra poética II (1969-1998). Obras completas. Tomo 12. Círculo de Lectores/Fondo de Cultura Económica. Primera edición, México, 2004.

PAZ, Octavio. «Nobel Lecture: La búsqueda del presente». Nobelprize.org. Nobel Media AB 2013. Web. (Fecha de consulta: 27/03/2014). http://www.nobelprize.org/nobel_prizes/literature/laureates/1990/paz-lecture-s.html.