Disfruto Halloween y Hanal Pixán…

Sarai Avalos @sarai.deo

MARIANA PACHECO ORTIZ

En México, donde han llegado a registrarse casi dos mil asesinatos mensuales, la muerte es espejo de la vida y se celebra por igual. La conquista española dio lugar a un sincretismo religioso que fusionó ritos mesoamericanos y católicos, cuyo resultado fue el actual Día de Muertos que se conmemora cada 2 de noviembre, pues el calendario azteca dedicaba a los difuntos al menos seis fechas.

“Yo soy más de Hanal Pixán (el festejo local que aplique en tu caso), ¡detesto el Halloween!”, suelen decir los acérrimos críticos de la costumbre norteamericana, pero la mayor parte de ellos son quienes para Navidad adornan su casa con tantas luces que podrían atraer a civilizaciones de otros planetas, muñecos de nieve y trineos tirados por renos; parten rosca de Reyes; festejan el Día de San Valentín e invocan a Cupido, el dios romano del amor, el 14 de febrero.

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Fotografía: Tanis Eashappie @teashappie

Cada festejo tiene su encanto, eso no está a discusión, el asunto es que, si vamos a medir, que sea todo con la misma vara. Es decir, si un chovinista descalifica tu participación en una fiesta de disfraces por Halloween se le puede sugerir que, para ser congruente con su superioridad moral, el día 12 de diciembre le lleve flores a Coatlicue, Cihuacóatl o Ix Chel, no a la Virgen de Guadalupe, por citar un ejemplo.

Y es que vivimos en una época marcada por la globalización, no sólo de los mercados, sino también de la cultura; por lo tanto, el Día de Muertos converge con el Halloween norteamericano, que inevitablemente también terminamos festejando con disfraces o simplemente caracterizaciones de personajes para salir a la calle a pedir dulces (o “calabacita” cantando en algunos sitios) y no por eso estás traicionando a tus antepasados, ni te conviertes en La Malinche.

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Fotografía: Giovanny Salazar @gio_va_nny10

Siendo honestos debemos admitir que el Halloween da más oportunidad de conseguir pareja (sobre todo si antes pones a San Antonio de Padua de cabeza), sin importar el género, y puedes deleitarte las pupilas con chicas que emulan a la Wonder Woman o tipos que intentan hacer su mejor papel como Iron Man (si van de zombis te aseguro que querrán comerte, pero no precisamente el cerebro).

Si le buscas aspectos positivos a Halloween encontrarás que hasta podrías bajar unos kilitos en unas semanas, porque disfrazarte como Harley Quinn o Super Man te motivará a cerrar la boca durante varios días para poder entrar en esos sexis disfraces; mientras el Día de Muertos es una tentación gastronómica tan vasta que incluye dulces caseros regionales, pan de muerto, pib, tamales, pozol, etcétera, que te hará sucumbir, corriendo el riesgo de no llegar esbelto a las fiestas decembrinas.

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Aunque a lo largo del país existen tantas variantes como la peculiaridad de cada provincia lo permite, la celebración del Día de Muertos, en esencia, es similar: la creencia de que las almas de quienes han partido de este mundo regresan a degustar platillos y bebidas, por eso las familias elaboran coloridos altares con ofrendas, así como sabrosos guisos, dulces, flores y frutas preferidos del difunto.

Tú, indudablemente tomarás numerosas fotografías de los altares para compartirlas en Instagram, Twitter, Facebook, YouTube y demás redes sociales, no escribirás códices y jeroglíficos sobre ellos, así que está fuera de lugar instalarte en mood precolombino.

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Fotografía: Lalo Figueroa @lalo_fh

Se vale, incluso, maquillarte como catrín o catrina, a pesar de que muchas voces se han alzado para denostar esta costumbre que se ha popularizado en fechas más recientes, aduciendo que no es auténtica de nuestros ancestros.

Los detractores de esta práctica acusan de “pintarse como pandas”, sin reparar en que no pervive ninguna tradición original, pues el legado que tenemos es mezcla de muchos eventos históricos, porque la nuestra es una cultura viva, en constante cambio y evolución.

De cualquier forma, Día de Muertos y Halloween son festividades que no se contraponen, que vestirte de Freddy Krueger no te impide comer mucbipollo o montar un altar para recordar a tus seres queridos. Son celebraciones que pueden confluir si alterar una a la otra, finalmente se trata de festejo, gozo, aludir a la muerte de manera divertida, en convivencia colectiva, como sólo los mexicanos sabemos hacerlo, en todo el país.