Madrugar, correr, sobrevivir…

Parker Mauk

MARIANA PACHECO ORTIZ

Pareciera que practicar algún deporte se ha vuelto una moda, pero no. Entre las principales motivaciones no está sólo gozar de buena salud física, sino también mental porque ayuda a liberar endorfinas y a contrarrestar el estrés.

Y es que estamos en una época del año en que empezamos a fraguar un plan para llegar esbeltos al mes de diciembre y poder vestir nuestras mejores galas en las múltiples festividades con motivo del fin de año y darle la bienvenida al próximo. Además, si nos mantenemos en forma la conciencia nos dará permiso excedernos un pelín con los interminables banquetes propios del puente (tipo Golden Gate) Guadalupe-Reyes.

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Fotografía: Bruno Nascimento

Es el momento ideal para establecernos una rutina de ejercicios, justo después de terminar las vacaciones de verano en las que tuvimos el pretexto de comer de todo, aunado a los festejos por las Fiestas Patrias; ahora empezamos a notarnos michelines provocados por nuestro sedentarismo estival.

Además, en prevención de las comilonas que se aproximan por el Hanal Pixán, yo no quise ser la excepción. En mi caso, tenía las opciones de ser runner o inscribirme al gimnasio, también debía elegir el mejor horario. Así que en mi afán de trazarme metas ambiciosas decidí empezar por correr y hacerlo desde muy temprano. Sí, después de mucho tiempo sin caminar ni si quiera a la tienda de conveniencia más cercana.

Pensé que si lo hacía a primera hora iniciaría mi día con más energía, la mente despejada y sería una jornada más productiva. Para empezar, me descargué la aplicación de Runastic con el fin de compartir mis incipientes “logros” en mis redes sociales, como si no hacerlo impidiera que quemara calorías y redujera la efectividad de mi práctica deportiva.

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Fotografía: Autumn Goodman

Por supuesto que también adquirí todo el ajuar propio para este ejercicio, conjuntos de colores neón, para no desentonar con la multitud de runners que recurrentemente encuentro en las calles o parques y ser más fitness, o al menos parecerlo.

Para que me diera tiempo programé mi despertador a la 5:30 de la mañana. El primer día que sonó la alarma la pospuse 10 minutos, seguí durmiendo. Volvió a escucharse, la prolongué 10 más. Se oyó nuevamente, casi me dio un infarto del susto y, sin pensar, la apagué. Más tarde (pero muy tarde), a las 7:30, me levanté como impulsada por un resorte, en pánico porque ya era tardísimo y aún debía llevar a mi hijo a la escuela.

Corrí… pero por toda la casa para buscar mi ropa. Le dije a mi hijo que se preparara. Me duché, me enfundé unos pantalones súper skinny (el sólo hecho de ponérmelos ya constituye un ejercicio y eso me alivió un poco). Ingerí un desayuno ligero (quiero decir de modo raudo y veloz) para llegar sin retraso a la oficina. Le pedí a mi hijo que no se vistiera en cámara lenta. Salimos de casa. Regresé, pues con la prisa olvidé el teléfono celular. Dejé a mi hijo en el colegio casi sin detener el coche, él perfeccionó su bajada al estilo película de acción de Hollywood. Llegué a desear una doble para las escenas de madrugar en mi vida.

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Fotografía: Drew Graham

No desistí de mi empeño. Esa misma noche me hice la promesa de no ignorar el despertador y la cumplí. A partir del día siguiente empecé a levantarme a las 5:30, no sin dificultades. Luego de una semana en la que mi cuerpo ya resentía el cansancio acumulado me encontré ante otra disyuntiva: debía elegir entre practicar deporte o lograr ver el fondo del cesto donde coloco la ropa sucia, porque las dos cosas no se pueden.

La industria deportiva tiene que plantearse seriamente, por ejemplo, crear una bicicleta estacionaria que al usarla active el funcionamiento de una lavadora, de tal manera que mientras pedalees puedas aprovechar a lavar y centrifugar tu ropa. Parece que no he sido la única que ha tenido esa idea millonaria porque ya hay gente trabajando en ello.

Llevo 21 días como runner de horario matutino, dicen que es el tiempo ideal para crearte un hábito. Espero continuar con este entusiasmo, pues mi principal motivación es lo bien que me siento, mi estado de ánimo se ha relajado y, sin duda, mi esposo está encantado, me anima a no caer en la tentación de la pereza y abandonar mi práctica. No me ha dicho exactamente por qué, pero intuyo que ha relacionado mi nueva actividad con mi buen humor. Me atrevo a pensar que él es el mayor beneficiado.

Mi hijo adolescente, quien práctica atletismo desde hace un par de años, también me incentiva a continuar, aunque asegura que la frase: “Estoy sola en casa”, ha hecho más por el running que los grupos y asociaciones dedicados a promover ese deporte.

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Fotografía: Martins Zemlickis