Terremoto 2017, en Oaxaca y Chiapas

DAVID TOVILLA

I

La primera imagen que el mundo conoce es la de los escombros de una parte del palacio municipal de Juchitán. Después se sabrá: un policía municipal perdió la vida en el derrumbe de ese edificio, pero es simbólico de lo que ocurrió en aquel sitio del Istmo oaxaqueño. Aunque era la sede del poder ejecutivo municipal, la parte baja de esa esquina era una extensión del mercado municipal colindante. Ahí era en donde se conseguía el pan y en específico el delicioso marquesote. En ese corredor, se ofrecían dulce de coco en barquillo para nieve, nance y jocote en mistela, mango con canela, camote con panela, yuca con sal o azúcar. El camarón seco en sus diversos tamaños, no aquel alimento disecado blancuzco de tanta sal para su conservación sino uno cuya carne blanca con ensalada pico de gallo es incomparable. En esa parte ahora desaparecida se situaban los comederos, para degustar una tlayuda, guisos habituales o típicos de la región como la iguana guisada o hasta huevos de tortuga prohibidos en todos lados pero parte de la gastronomía local. Todo eso que forma parte del patrimonio cultural inmaterial se dañó en una noche. No es el mercado sino quienes le daban vida a la oferta de todos esos productos. No está el lugar, pero tampoco está la gente porque están en las urgencias de la tercera parte del pueblo destruido. El sismo viene a darle la puntilla a un enclave de cultura que ya empezaba a deteriorarse por el progresivo paso de la violencia criminal que no ha respetado rincón de este país.

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II

El impacto del sismo en Chiapas es monumental. Como ahora, la naturaleza perdonó a la ciudad de México, la percepción inicial fue que el sismo no había sido tan desastroso. Pero Chiapas tiene un problema de vías de comunicación. Es un estado con gran dispersión. La lejanía de las comunidades hace imposible que, en unos días, pueda tenerse un censo real de las casas dañadas. Conforme han pasado los días, el daño aflora. Hasta el día 12 de septiembre, la cifra del Sistema Estatal de Protección Civil era: ciento once de ciento veintidós municipios afectados. El problema es que las réplicas no han cesado. La información de la destrucción están por todos lados, no siempre en los medios de comunicación sino en las redes sociales y los testimonios personales. Si hay hogares, en la capital del estado, en donde las autoridades no han pasado para verificar, cómo esperar que se sepa con exactitud cuál es la situación de los sitios alejados. Chiapas ha recibido un mazazo a lo largo de casi todo su territorio. Qué será de una entidad con una pobreza ancestral, arrasada en fechas recientes en lo financiero y, ahora, destruida su infraestructura física. Triste el destino de esta entidad.

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III

El terremoto de 2017 sí marcará a México por la dimensión del esfuerzo de reconstrucción. Son miles de hogares, negocios, estructuras en general. Aún es temprano para conocer el tamaño exacto de la tragedia en Oaxaca y Chiapas.