Hecho en México

EQUIPO COLOQUIO

Nadie reconoce el México violento de 2017. Hasta el legendario fotógrafo de nota roja, Enrique Metinides, dice en el documental El hombre que vio demasiado que la violencia ahora vista en el país no tiene antecedente. Él, quien hizo su carrera profesional del testimonio de miles de muertos. Tal pareciera que México se fue de las manos y quedó en las de los violentos. Los noticieros muestran, todos los días, la cruenta e incesante estadística. Por eso, en estos días de festejos patrios, debemos recordar que México es otro. Es y puede serlo. Eso queda muy bien reflejado en el documental Hecho en México de Duncan Bridgeman, estrenado en 2012. Este audiovisual demuestra que los genes nacionales están en otro lado: la creatividad, la identidad, la autenticidad, la fe, la tierra. Una tierra en donde todos no sólo pueden coexistir sino generar productos de mayor calidad al combinar las riquezas individuales. La calidad sobresaldrá, siempre, cuando es el soporte de todo trabajo artístico. Aquí están visiones, géneros, personalidades, propuestas diversas pero integradas. Esto es México, no ese vapuleado territorio distribuido entre la maldad.

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Hecho en México es un producto fresco, ingenioso, inteligente, innovador. Es una inmejorable cápsula del tiempo. Una mirada, desde la cultura, al México actual. Reñida con un discurso politiquero, lejana a la lupa sociológica, separada de la aproximación lastimera. La cinta logra capturar la esencia que prevalecerá por encima de coyunturas y circunstancias. Lo hace con creatividad y con un trabajo de selección cualitativa admirable. El hilo conductor de esta revisión son las expresiones musicales populares. La amalgama que somos. La identidad a la que no escapamos. De los ritmos huicholes al Bolom Chon; de Carla Morrison, León Larregui y Rubén Albarrán a Gloria Trevi, Amandatitita y Alejandro Fernández; de Lila Downs a Lupe Esparza y la original Banda El Limón. La selección nos hace recordar que lo popular no es lo estruendoso, trillado, reiterativo a todo volumen del transporte colectivo.

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Hecho en México logra erigirse como una instantánea totalizadora. Es un documento acorde a las nuevas tendencias que requiere la difusión cultural. Una propuesta desde los nuevos lenguajes audiovisuales de la movilidad tecnológica. El documento dice más y con más posibilidades de impacto que oratorias, exposiciones, recitales. El filme canta, dice, comparte, expone con dinamismo. La conexión con el público también se logra porque no hay distancia: la perspectiva es interna, desde el mismo sitio en que ocurren los hechos y a partir la óptica de los protagonistas. México es el de Las cosas simples de Chavela Vargas pero es: la frontera, el caminante del Mayab, la nana Guadalupe, Brozo, Blue Demon junior. Están casi todos los temas, con voces representativas. El resultado de la dirección de Duncan Bridgeman y la producción de Lynn Fainchtein es un material que merece atesorarse en la menor oportunidad. Es de esas rarezas cualitativas que ocurren sin frecuencia y que luego pasan desapercibidas o desvirtuadas por alguna propaganda. Hecho en México puede que no sea el mejor título para reflejar esa polifacético, ambicioso y deslumbrante trabajo. Vale la pena acercarse a este esfuerzo de síntesis espacio-temporal llevado al cine.