Democracia

Arnaud Jaegers

JOSÉ SARAMAGO

Hoy, 15 de septiembre, es el Día Internacional de la Democracia, instituido por la ONU, desde el año 2007. Con ese motivo, retomamos algunos de los fragmentos dedicados a ese tema por el Premio Nobel de Literatura 1998, en la selección realizada por Fernando Gómez Aguilera para el libro José Saramago en sus palabras, publicado por Alfaguara.

Hablamos mucho de democracia, pero qué es la democracia. Para los políticos, la democracia son las instituciones, el Parlamento, los partidos, los tribunales… algo que funciona con las elecciones y con el voto. Pero no nos damos cuenta de que, en el mismo momento en que introduce en la urna su voto, el ciudadano está haciendo un acto de renuncia a su derecho y deber de participar, al delegar el poder que tiene en otras personas, que a veces ni siquiera sabe quiénes son. La democracia puede ser sólo una fachada detrás de la cual no haya nada. Por eso, el ciudadano debe hacer de la participación cívica cotidiana una obligación. Yo no diré que la democracia no sea el menos malo de los sistemas políticos, pero sí digo que no es el mejor. Hay que inventar algo mejor y no contentarnos con esto.

No debemos dejar que la democracia se convierta en un puñado de palabras retóricas.

arnaud-jaegers-253360
Fotografía: Arnaud Jaegers

Los hombres no hemos alcanzado la democracia, sino su espejismo. Esto hay que decirlo en voz alta, y estaría bien que lo dijésemos todos los hombres, en coro: no se puede seguir hablando de democracia en un mundo en donde el poder que verdaderamente gobierna, el poder financiero, no es democrático. Todo lo demás son espejismos más o menos reales -los parlamentos, los gobiernos-, pero el poder final y último, el poder que determina y decide nuestros destinos no es un poder democrático.

La democracia no se puede limitar a la simple sustitución de un gobierno por otro. Tenemos una democracia formal, necesitamos una democracia sustancial.

Cuando decimos que es un resultado importante el vivir en democracia, decimos también que es un resultado mínimo, porque a partir de ahí comienza a crecer lo que verdaderamente falta, que es la capacidad de intervención del ciudadano en todas las circunstancias de la vida pública. O sea, hacer de cada ciudadano un político. La libertad de prensa, la libertad de organización política es lo mínimo que podemos tener, porque a partir de ahí comienza la riqueza espiritual y cívica del ciudadano auténtico.

vlad-tchompalov-219131
Fotografía: Vlad Tchompalov