“Ojos bien cerrados”, de Kubrick, de nuevo en el cine

DAVID TOVILLA

Durante agosto y septiembre, Cinépolis proyecta una retrospectiva del irrepetible director Stanley Kubrick. En el mes que concluye se proyectaron las cintas Barry Lindon, Full Metal Jacket y Naranja mecánica.

Este 31 de agosto y hasta el 3 de septiembre, los conjuntos de Cinépolis que por lo general contemplan una “Sala de arte”, se engalanarán con la presentación de Ojos bien cerrados. Hay que hacer el esfuerzo por ir a verla por ser una de las diez mejores películas del cine erótico del siglo XX. Aquí una reseña detallada:

Empiezan los créditos en blanco y negro. Se escucha una melodía: el Vals número dos de la Suite jazz de Shostakovich. Transcurren treinta y cuatro segundos: aparece un amplio vestidor con luz cálida y un enorme espejo. Una mujer alta, rubia, con el cabello recogido camina hacia el fondo. Se lleva las manos hacia los tirantes de su vestido negro con un gran escote en la espalda. Se lo quita en dos movimientos. La prenda cae. Ella, nada lleva abajo. Se queda sólo con las zapatillas negras. Da dos pasos, también, para salir de ese círculo de tela que ha quedado en el suelo. Es un desnudo total. Una toma posterior, espléndida, de un cuerpo femenino erguido, bañado con esa luz amarillenta. Sin ningún objeto que distraiga. A plenitud: el dorso, las nalgas, las piernas, los brazos, la blanca piel. Como esculpida con detalle, esmero, delicadeza. Todo ello, se insiste, en menos de un minuto de iniciar el filme. Es la desnudez más artística que Nicole Kidman ha mostrado. Es la última película de Stanley Kubrick: Ojos bien cerrados.

 

Ojos_bien_cerrados-516721686-large

Es una cinta rica en matices, lecturas. Los hechos centrales narrados ocurren tan sólo en veinticuatro horas, pero en ese tiempo se revela un mundo, la vida, la realidad con sus apariencias y revelaciones, su crueldad y deleite, su gozo y sufrimiento, sus certidumbres y casualidades. Pero lo central son los descubrimientos y las consecuencias. Kubrick lo dice todo desde el principio. Así como cae el vestido y deja expuesto el cuerpo de esa hermosa mujer, del mismo modo se caerán sucesivamente conceptos, imágenes, creencias, seguridades. Todo generado por el sexo.

Ojos bien cerrados puede leerse equivocadamente como una cinta sobre la apología del matrimonio tradicional, porque al final de cuentas la pareja protagonista formada por Alice (Nicole Kidman) y el médico Bill Hardford (Tom Cruise) no incurren en un “pecado” concreto. Sin embargo, es otro el planteamiento preciso de Kubrick. El mundo perfecto de una mujer hermosa y un hombre guapo, de una situación económica pudiente, sin sobresaltos, con una hija también culta y educada, sin conflictos, puede constituirse en una burbuja que tarde o temprano será vulnerada porque la vida es imperfecta. La disyuntiva es: pretender omitir todo y mantener los ojos bien cerrados o abrirlos y construir a partir de lo tangible.

eyes_wide_shut-239433970-large

Kubrick abre con Nicole en el papel de Alice y la mostrará varias veces semi o desnuda, en secuelas vitales para el filme. Lo hace porque todo ocurre en torno a un acto de sinceridad, un desmentido que Bill, encerrado en su mundo de fantasía, nunca esperó. Una noche, al regresar de una fiesta en la que ambos flirtearon, él le dice que nada pasaría jamás porque está seguro de ella. Alice se ríe desaforadamente y le cuenta una acción que derivará en un sueño. En unas vacaciones, en el lobby de un hotel, su vista choca con la de un oficial de la marina. En un lento monólogo, revela: “Una mirada. Nada más, pero apenas pude moverme. Esa tarde, tú y yo hicimos el amor y planes sobre nuestro futuro. Sin embargo, en ningún momento, ni un instante, él estuvo fuera de mi mente. Y pensé que si él me quisiera, aunque sólo fuera por una noche, yo estaba dispuesta a perderlo todo: a ti, a mi hija, mi jodido futuro. Todo. Era extraño porque al mismo tiempo tú me querías más que nunca. En ese momento mi amor por ti era a la vez tierno y triste. Apenas pude dormir esa noche y me desperté a la mañana siguiente. No sé si temía que él se hubiera ido o estaba ahí. Durante la cena me di cuenta que se había marchado y me sentí aliviada”.

Bill se queda estupefacto. Sin habla. El momento de tensión se corta por una llamada en la que le avisan de un fallecimiento. Tiene que salir a la calle. Es decir, la circunstancia lo hace evadir esa plena confrontación con una realidad imperfecta llamada Alice. En lugar de procesar que es un ser humano, con fantasías, deseos y proyecciones sexuales, Bill se queda con el impacto psicológico. Esa noche, todos sus recorridos los hace en un taxi. Cada vez que cierra los ojos, en su mente, Alice folla extasiada con un marinero, en bellas imágenes voluptuosas que golpean al esposo y al propio espectador.

eyes_wide_shut-685089011-largeLas horas siguientes el prestigiado e inmaculado doctor Hardford es llevado por la vida real: una mujer que le confiesa su deseo ante el cadáver de su padre y con su prometido que toca a la puerta; una prostituta que lo intercepta y lo lleva a una desordenada habitación; un comerciante que puede lucrar con todo, incluso con el cuerpo de su propia hija. La cúspide es su asomo a un cónclave sexual de una secta de alta sociedad. Consigue la contraseña e ingresa a una mansión de orgía y desenfreno, de mujeres de cuerpos perfectos, todos con disfraces y máscaras. Bill es descubierto y es obligado a quitarse la careta en el centro de la cofradía libertina. Es expuesto, revelado ante el mundo. Kubrick es insistente en el simbolismo de la revelación. Hay que recordar esa primera imagen de Alice, descrita arriba, cuyo vestido cae y se ve hermosamente desnuda.

Por si no fuera suficiente, al llegar a su torre de cristal, su hogar, Bill encuentra a su esposa que sufre una pesadilla. La despierta y ella le cuenta que soñaba con el marinero: “El final es demasiado horrible. Él me estaba besando. Luego hacíamos el amor. Había mucha gente alrededor de nosotros. Cientos de personas: todos cogiendo. Luego yo cogía con otros hombres. Tantos que no sé con cuántos estaba. Y sabía que tú podías verme en los brazos de todos ellos. Cogía a todos esos hombres y quería burlarme de ti. Reírme en tu cara. Así que reía lo más fuerte que podía”.

A la mañana siguiente, Bill se entera que su falsedad ha derivado en asesinatos y amenazas; que la prostituta con quien estuvo pero no se acostó con ella ha resultado seropositiva; que uno de sus amigos es integrante de la congregación. Conmovido, regresa a su casa. Alice duerme. En la cama, en el lugar de él, está la máscara con que asistió aquella noche y había extraviado. Se desploma y decide contarle todo.

eyes_wide_shut-989502743-large

Al final, Kubrick presenta a un Bill sumido en su mediocridad y a una Alice como lo fue en toda la cinta: fuerte, inteligente, madura, realista. Después de toda la gran experiencia, dentro y fuera de su hogar, él es incapaz de caminar. Pregunta a ella qué hacer. Alice es, así, el centro de gravedad de toda la película. Abre y cierra el filme. Ella es lo que él no se atreve a ser. Alice crece; él no. Tal como lo revela el diálogo con el que concluye la cinta. Él pregunta qué cree deberían hacer. Ella responde:

“-Debiéramos estar agradecidos porque sobrevivimos a todas nuestras aventuras… Ya sea que hayan sido reales o tan sólo un sueño.

“-¿Estás segura de eso?

“-¿Si estoy segura? Sólo tan segura como estoy de que la realidad de una noche -ya no digamos la de toda una vida- no puede ser nunca toda la verdad…

“-Y ningún sueño jamás es sólo un sueño…

“-Lo importante es que estamos despiertos… ahora, y con suerte, por mucho tiempo por venir…

“-Para siempre.

“-¿Para siempre?

“-Para siempre.

“-Es mejor que no usemos esa palabra. Me asusta. Pero yo te amo y sabes que hay algo más importante que necesitamos hacer cuanto antes…

“-¿Qué cosa?

“-Coger”.

El sexo como vínculo, causa y consecuencia, malestar y remedio, razón y locura, pena y esplendor. Sólo requiere no tener ni la mente ni los Ojos bien cerrados.

El ciclo Kubrick en Cinépolis continúa con 2001: Odisea del espacio, del 7 al 10 de septiembre. Cierra con El resplandor, del 14 al 17 del mismo mes, en diversos horarios.