La vida al regresar a clases…

Jeremy Bishop

MARIANA PACHECO ORTIZ

La vida es eso que pasa mientras sientes aversión por la dolorosa e inevitable vuelta a la escuela. Como cada verano, sabes que vienen otra vez los días apretados, prisas y noches cortas.

Si eres madre o padre, sabes que deberás pagar cuentas equivalentes a la deuda de México con Estados Unidos. Eso, sin contar el viacrucis de recorrer muchos comercios para comparar precios, porque no se trata sólo del dinero, sino del tiempo y el esfuerzo que implica. Invariablemente terminamos sudando la gota gorda.

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Fotografía: Gaelle Marcel

Sin importar que no seas estudiante, incluso si no tienes hijos, experimentas taquicardia, manos sudorosas, se te eriza la piel por el pánico de sólo ver la rimbombante publicidad de ofertas que alegre reza “¡Regreso a Clases!”, porque te recuerdan las dimensiones que cobrará el tráfico o lo complicado que resulta abordar el transporte colectivo.

Vas al supermercado y no puedes hacerlo con la habitual tranquilidad, ves los carritos llenos más que de despensa, de forros, libretas, colores, etcétera.

Y para mayor tortura, esos anuncios empiezan cada año con mayor antelación, lo cual te impide disfrutar plenamente de las vacaciones, pues de forma intermitente viene esa dura sensación de tener algo pendiente, aunque hayas repasado tres veces la lista de útiles escolares para cerciorarte de que todo está preparado para el regreso a clases.

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Fotografía: Aaron Burden

Ansiedad equiparable a la que se experimenta los domingos por la noche, pero a la décima potencia; o cuando te dicen: “En una semana nos comunicamos contigo”, luego de una entrevista de trabajo; o el día antes de que te realicen ese chequeo médico que tanto te inquieta.

Sabes que se escapan de las manos las trasnochadas, los días soleados disfrutando de la playa, el nado hasta las boyas, llegar a casa impregnada de salitre ya avanzada la noche, sumergirte en la piscina acompañado de tu bebida favorita, explorar cenotes o simplemente de charlas despreocupadas.

Conforme los días avanzan, empieza la cuenta regresiva para el inexorable suceso.  Y creo que la canción “Un año más”, de Ana Torroja, está inspirada en la despedida del verano:

En la puerta del sol como el año que fue (“Fue”, se acabó)

Otra vez el champagne y las uvas y el alquitrán de alfombra están (Tranquilo, sólo faltan 365 días para repetir)

Los petardos que borran sonidos de ayer (Borran el disfrute estival)

Y acaloran el ánimo para aceptar que ya pasó uno más(¡Resígnate!)

Y en el reloj de antaño como de año en año (Eso sí: cada verano es diferente)

Cinco minutos más para la cuenta atrás (Para el regreso a clases)

Hacemos el balance de lo bueno y malo (Lo malo es que ya terminó lo bueno)

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Fotografía: Angelina Litvin

Si además el regreso a clases coincide con el término de tus vacaciones, sabes que significa la bienvenida a la realidad y que traerá consigo más de 500 mensajes en la bandeja de entrada de tu correo laboral, cuya contraseña ya no recuerdas, ni quieres recordar; otra vez el bullicio matutino en los patios escolares de tu colonia a la hora de recreo, ruidos penitenciarios más propios de Orange is the new black.

Agosto nos ha traicionado, así que nuevamente a madrugar para preparar el lonche y lo mejor es optar por lo menos complicado: cuernito con jamón y queso; aunque si tuviste comilona el fin de semana previo, otra alternativa rápida sería torta de cochinita pibil.

Y no es consuelo, pero si alguien la tiene peor que los padres, son los profesores que deberán lidiar con nuestros hijos, seguramente para ellos la escuela ideal es la que está cerrada.

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Fotografía: Alexis Brown