Los museos en la era digital

Fotografía: Neonbrand

JAVIER CELAYA/ IÑAKI SALDAÑA

El 18 de mayo, se celebra el Día Internacional de los Museos. Con ese motivo, recuperamos el documentado estudio Los museos en la era digital. El texto es parte de una revisión integral del impacto de las nuevas tecnologías en la dinámica social promovida por #Coloquio.

Si admitimos que Internet ha cambiado radicalmente la manera en que las personas buscan y encuentran todo tipo de contenidos culturales y de ocio, ¿de verdad se piensa que los museos, centros culturales y galerías de arte pueden ofrecer la misma experiencia de ver una exposición o colección en el siglo XXI sin asumir ninguna transformación?

Los museos, centros culturales y galerías de arte no pueden mantenerse al margen de esta transformación que está afectando directamente al consumo de productos culturales y por lo tanto al acceso al arte y a la cultura desde cualquier perspectiva. Tampoco pueden negar la demanda, por parte del espectador, de experiencias interactivas, no siempre explicadas con el ejemplo del juego como práctica.

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Fotografía: Alex Iby

En este estudio se pretende analizar cómo los museos, centros culturales y galerías de arte pueden aprovechar mejor las tecnologías de última generación que existen en la Red y en el mercado, así como las que ofrecen las empresas tecnológicas de reciente creación, más conocidas como startups, con el fin de mejorar sus servicios y prestaciones en sus espacios físicos, con sus materiales y con- tenidos de manera virtual y enriqueciendo la experiencia de los espectadores en la visita.

La irrupción en el sector cultural de las tecnologías de tercera generación

-tales como el reconocimiento facial, sensores inteligentes, sistemas de recomendación basados en satisfacción real, aplicaciones interactivas para dispositivos móviles, entre otras novedades- ofrece a las entidades culturales un impresionante abanico de oportunidades para enriquecer la experiencia de visitar una exposición, entre otras experiencias que pueda ofrecer un museo, centro cultural o galería de arte.

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Fotografía: Brian Babb

En esta ocasión hemos querido analizar el grado de uso de todo tipo de tecnologías en las tres fases en las que un ciudadano tiene un contacto directo con una entidad cultural:

• Antes de visitarla (fase de descubrimiento)

• Durante la visita (fase de la experiencia directa)

• Después de visitarla (fase donde comparte su experiencia / satisfacción)

Los resultados de este último estudio indican un uso muy intensivo de tecnologías en la fase de descubrimiento (concentrado principalmente en actividades promocionales en las redes sociales y en el desarrollo de aplicaciones para dispositivos inteligentes), un menor uso de herramientas durante la fase de la visita a las instalaciones físicas de las instituciones (concentrado principalmente en el uso de algunas tecnologías para enriquecer la visita) y, por último, un bajo uso de tecnologías para fomentar el intercambio de experiencias después de realizar la visita.

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Fotografía: Jonna Fransa

En la era digital, las entidades culturales y las empresas tecnológicas necesitan trabajar más estrechamente con el fin de aprovechar las oportunidades que ofrecen herramientas como las aplicaciones móviles, los códigos QR, la ‘gamificación’, las pantallas táctiles, las tecnologías sensoriales, la geolocalización o la realidad aumentada, entre otras, para desarrollar nuevos servicios que permitan enriquecer el proceso de descubrimiento de las exposiciones de los museos, así como la interconexión entre los visitantes.

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Fotografía: Dimitri Tyan

Aunque a lo largo de los últimos años los museos están disfrutando de niveles récord de visitas a los museos, uno de los retos más importantes que tendrán que asumir estas entidades en los próximos años es la incorporación en sus instalaciones físicas de una amplia gama de tecnologías para enriquecer la experiencia visual de estas visitas y atender mejor las necesidades de los clientes del siglo XXI.

Los museos y centros culturales están ciegos en la sociedad digital al desconocer el perfil y las afinidades culturales de la mayoría de quienes visitan sus instalaciones. No saben si son coleccionistas, estudiantes de Bellas Artes, turistas o residentes de la ciudad que por primera vez visitan un museo. Esto es debido a la superficialidad en las estadísticas de control de visitantes a la entra- da al museo, así como a la falta de análisis en estudios puntuales que un centro de estas características debería hacer.

Fotografía: Moutama Kamal

¿Cómo un museo va a poder recomendar a un potencial visitante una exposición o cómo contemplar un determinado cuadro si desconoce sus gustos culturales? El verdadero valor añadido que aporta Internet es el conocimiento directo del visitante de un museo y su comportamiento en el proceso de descubrimiento y consumo de cualquier contenido cultural. Los nuevos sistemas de recomendación de contenidos culturales basados en la satisfacción real de anteriores visitas permitirán a los gestores culturales recomendar visitas de forma muy personalizada ya que conocerán las afinidades reales de sus clientes, así como el grado de satisfacción de las mismas. Estos datos sobre el comportamiento y grado de satisfacción reales de los visitantes, que en el mundo analógico eran imposibles de obtener, se convertirán en el principal activo y ventaja competitiva de los museos en la nueva era digital.

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Fotografía: Jaz King

En la era digital, el descubrimiento y visualización de una exposición dejará de ser una actividad solitaria y analógica para convertirse en un proceso compartido con la tecnología. A los visitantes del siglo XXI hay que ofrecerles una experiencia online, complementaria a su visita física, con el fin de estimular todas sus capacidades sensoriales.

Una de las principales conclusiones de este estudio es que los museos, centros culturales y galerías de arte y las empresas tecnológicas de reciente creación están condenados a entenderse para aprovechar las oportunidades que ofrece Internet. El estudio muestra que el 90% de las entidades encuestadas ha indicado un alto interés por las nuevas tecnologías y considera muy pertinente implementarlas en sus centros para enriquecer la experiencia de sus visitantes antes, durante y después de la visita.

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Fotografía: Philipp Berndt

No obstante, el estudio también señala que apenas un 30% de las entidades encuestadas afirma haber mantenido en el último año una o dos reuniones con empresas tecnológicas. Si los mu- seos, centros culturales y galerías de arte no aceptan el reto de llevar a cabo una renovación profunda de los procesos de descubrimiento y visita de sus colecciones y exposiciones, difícilmente serán una opción cultural relevante para ciudadanos del siglo XXI.

Al igual que en otras actividades de las industrias culturales y creativas, como la lectura en pantallas o el consumo de música o cine por streaming, la transformación de las visitas culturales va a ser mucho más radical de lo que sospechamos.

Ya no basta con ofrecer una diversa gama de exposiciones y actividades, hay que brindarles una nueva experiencia única con el apoyo del dispositivo móvil del usuario, ya sea durante la visita al espacio físico del museo o en la página web.

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Fotografía: Jesus Kiteque

En la era digital, el descubrimiento y posterior visita de una exposición dejará de ser una actividad solitaria y analógica para convertirse en un proceso compartido con la tecnología. A los visitantes del siglo XXI hay que ofrecerles una experiencia online, complementaria a su visita física, con el fin de estimular todas sus capacidades sensoriales.

La irrupción de los teléfonos inteligentes (smartphones) está provocando más cambios en los hábitos y en Internet de lo que somos capaces de apreciar. Este nuevo soporte móvil, junto a las tabletas de diverso tamaño, está causando una radical transformación en la forma en la que descubrimos todo tipo de contenidos culturales (libros, música, arte, etc.), está transformando la forma en la que decidimos si vamos a ver una determinada exposición o no y hasta está influyendo en cómo disfrutamos de la experiencia de consumo de estos contenidos culturales.

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Fotografía: Chris Barbalis

Desgraciadamente, muchas entidades culturales no han adaptado aún sus páginas web para que se lean amablemente en estos nuevos dispositivos. La adaptación de la web de una entidad cultural en cualquier tipo de dispositivo móvil es de suma importancia si queremos dar una buena imagen y servicio a nuestros visitantes.

La incorporación de las audioguías en las salas de los museos fue ampliamente criticada en su día por varios gestores culturales. En la actualidad, prácticamente todos los museos las ofrecen y ven con buenos ojos el servicio que brindan a los visitantes. De la misma forma, próximamente veremos la irrupción de todo tipo de tecnologías de tercera generación en las salas de los museos, centros culturales y galerías de arte en sus instalaciones físicas para enriquecer la experiencia visual de las visitas y atender mejor las necesidades de los clientes del siglo XXI.

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Fotografía: Amin Salehi

Enriquecer una visita significa interactuar o adentrarse en lo que estamos descubriendo. Su incorporación en los museos permitiría a los visitantes ver video-entrevistas de sus creadores preferidos, buscar obras, bucear en detalles, ver imágenes o textos relacionados, escanear en la pantalla códigos QR para obtener más información de una determinada obra o para comprar la versión digital del catálogo de la exposición, etc.

Tal y como señalábamos en la introducción del estudio, hemos detectado un menor uso de tecnologías durante la fase de visita a las instalaciones físicas de museos, centros culturales y galerías de arte. La mayoría de las herramientas utilizadas por las entidades encuestadas gira alrededor del desarrollo de aplicaciones para dispositivos inteligentes.

Nos ha sorprendido que la mayoría de las aplicaciones desarrolladas por las entidades culturales tenga un enfoque de uso individual, cuando normalmente visitamos un museo o centro cultural en compañía. Dado que vivimos en la era de la participación colectiva, las entidades culturales deberían desarrollar aplicaciones que permitieran un uso colectivo con el fin de asimilar las experiencias analógicas con las virtuales.

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Fotografía: Echo Grid

Los museos no deberían tardar mucho más tiempo en incorporar en sus espacios físicos todo tipo de tecnologías de tercera generación tales como el reconocimiento facial, sensores inteligentes, sistemas de recomendación basa- dos en satisfacción real, entre otras novedades, que ofrecen a los museos un impresionante abanico de oportunidades para enriquecer la experiencia de visitar una exposición.

Varias entidades culturales están investigando los beneficios derivados del uso de tecnologías sensoriales para aportar una experiencia única dentro de un museo. Aunque a algunos gestores culturales les parezca ciencia-ficción, les podemos asegurar que su uso será muy común, y mucho antes de lo que sospechan. Última- mente todo el mundo habla sobre las posibles aplicaciones de proyectos como Google Glass en todo tipo de actividades (paseos por ciudades, viajes en coche, de bares, etc.). Próximamente veremos su aplicación en toda clase de actividades culturales (obras de teatro, conciertos, visitas a librerías, en exposiciones, etc.)

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Fotografía: Samuel Zeller

Esta realidad indica una falta de retroalimentación entre la estrategia digital y las actividades de comunicación más tradicionales en el buen sentido de la palabra. La mayoría de las instituciones culturales tiene ya una rica presencia en redes sociales, pero sin embargo el día a día del museo y sus actividades virtuales no están plenamente conectadas entre sí.

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Fotografía: Annie Spratt

A continuación, exponemos algunas iniciativas e ideas a poner en práctica para fomentar una mayor interacción con el usuario tras la visita a un museo, centro cultural o galería de arte con el fin de retroalimentar las acciones digitales con las

actividades analógicas. Dado que hay escasos ejemplos de buenas prácticas, en la mayoría de los casos sólo mencionaremos la idea para que sirva de reflexión a las entidades culturales:

• Ofrecer Wifi gratuito en todas las instalaciones para que los visitantes puedan compartir sus experiencias, sensaciones, opiniones, etc. Un servicio también fundamental para la fase durante, ya que muchas de las aplicaciones mencionadas así lo requieren: geolocalización, códigos QR, etc.).

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Fotografía: Joe Roberts

• No hemos encontrado en las sedes físicas de la mayoría de los museos encuestados señalizaciones que inviten a los visitantes que abandonan sus salas a compartir su experiencia en las redes sociales.

• En este sentido, animamos a todas las entidades culturales a incorporar los logos y URLs de su presencia en redes sociales como Facebook, Pinterest o Twitter en todos sus materiales informativos (folletos, catálogos, cafetería, librería, etc.), así como en la entrada y salida de las exposiciones. A algunos gestores culturales les parecerá una aberración incluir estos logos en sus espacios físicos, pero entonces ¿para qué tienen una presencia virtual?

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Fotografía: Brandon Wong

• Un alto porcentaje de los visitantes de los museos y centros culturales son extranjeros, por lo que sería muy recomendable que las entidades comunicasen en sus respectivos idiomas en las redes sociales, no sólo en el idioma oficial del país de la institución.

• Algunos museos publican informaciones en varios idiomas, pero en el mismo perfil de la red social. Esta práctica no es recomendable ya que confunde a los seguidores. Lo idóneo es abrir diferentes perfiles para comunicar en cada uno de ellos en el idioma correspondiente. Es una práctica común en muchos otros sectores como deportes, ocio, etc.

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Fotografía: Hermes Rivera

• Recomendamos ofrecer al visitante una selección de lecturas de interés relacionadas con una exposición o recomendaciones de otras exposiciones relacionadas con la que acaba de visitar en galerías de arte de la ciudad.

•¿Por qué no incluir en la entrada que hemos comprado antes de pasar a la exposición un código QR con la posibilidad de descargarse el catálogo en versión digital?

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Fotografía: Namcha Ph

•¿Por qué no ofrecer a la salida de la exposición la descarga del catálogo en versión digital sin tener que visitar la librería?

•Ya sabemos que la experiencia de lectura no es la misma que en pantallas, pero la versión digital ofrece un grado de dinamismo e interacción que resulta muy apto para contenidos artísticos. La digitalización de los contenidos es también una forma de revalorizar los fondos de una institución al ponerlos a disposición del público. Varias instituciones ofrecen ya sus contenidos en formato ebook o app para tabletas.

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Fotografía: Igor Ovsyannykov

• Cuando un usuario crea contenidos para una institución cultural (envía una foto o un vídeo, participa en una encuesta, opina sobre un tema, critica una determinada acción, etc.) es cuando se establece una estrecha identificación del usuario con el centro. Todas las instituciones culturales deberían identificar las áreas donde sus usuarios pueden enriquecer la gestión del centro.

• La estrategia digital predispone a la organización al diálogo con sus usuarios. En este contexto de conversación cabe hacerse la siguiente pregunta: ¿Están preparadas las entidades culturales para conversar, intercambiar ideas y sugerencias e incluirlas en su programación? Una estrecha relación con nuestros usuarios debe ser una de las claves de la presencia digital de las entidades culturales. En los entornos analógicos, así como virtuales de cualquier centro, el visitante debe sentirse motivado para conversar e intercambiar experiencias. Todo el contenido digital de una institución cultural debe estar predispuesto para poder ser compartido por nuestras audiencias. El museo no es ya sólo un lugar al que ir a visitar: las realidades físicas, geográficas y temporales desaparecen. El museo está en una tableta, en una aplicación móvil o en una determinada red social.

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Fotografía: Andreas Eriksson

Los resultados de este estudio demuestran que existe un uso muy intensivo de tecnologías en la fase de descubrimiento (concentrado principalmente en actividades promocionales en las redes sociales y en el desarrollo de aplicaciones para dispositivos inteligentes), un menor uso de herramientas durante la fase de la visita a las instalaciones físicas de las instituciones (concentrado principalmente en el uso de algunas tecnologías para enriquecer la visita) y, por último, un bajo uso de tecnologías para fomentar el intercambio de experiencias después de realizar la visita.

Esta falta de retroalimentación entre las acciones analógicas y las digitales impide el desarrollo más amplio de nuevos servicios que permitan enriquecer el proceso de descubrimiento de las exposiciones y actividades de los museos, centros culturales y galerías de arte, así como una mayor interconexión entre los visitantes.

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Fotografía: Chris Rhoads

Un 65,6% de las entidades de habla inglesa afirmaba tener como objetivo prioritario la captación de nuevas audiencias para sus centros a través de las nuevas tecnologías. Para lograr este objetivo, la estrategia digital debe acompañar a la estrategia global de la organización y, como si de los brazos de un pulpo se tratase, debe extenderse a todos los departamentos: desde educación a difusión, pasando por el área de conservación.

La experiencia virtual y la analógica no son excluyentes sino que se complementan mutuamente. Aprovechemos cada experiencia vivida por los usuarios en el entorno físico para estimular las visitas virtuales y viceversa. Además de la excelencia en los contenidos, tanto en el entorno analógico como en el virtual, se debe proporcionar a los usuarios experiencias singulares en línea con las expectativas de la era digital. Busquemos maneras de personalizar tanto la experiencia real como la virtual. Cada usuario debe ser único para el museo.

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Fotografía: Bangkit Ristant

A la hora de elaborar el estudio hemos observado lo difícil que era identificar a la persona responsable de la estrategia digital en la mayoría de las entidades consultadas. En algunas de ellas la función estaba centralizada en una persona, pero en la mayoría de los casos no había un departamento o persona que asumiera la responsabilidad de la definición global de la estrategia digital.

Al igual que en la mayoría de las organizaciones culturales existe la figura del responsable de Relaciones con los medios, un responsable del departamento de educación o actividades, así como un responsable de Relaciones Institucionales, sorprende que en la mayoría de las entidades encuestadas no exista la figura de un responsable de estrategia digital. En la actualidad, las tareas de esta figura están repartidas entre diferentes departamentos como prensa, marketing, mantenimiento de la web, relaciones con los medios, etc., pero sin una persona que defina, coordine y supervise la estrategia global de la entidad cultural de forma transversal a lo largo de todas las áreas de la organización.

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Fotografía: Kevin Knezic

En la era de la participación, todas las entidades culturales -independientemente de su tamaño y especialización- deben establecer alianzas estratégicas con varios socios tecnológicos para poder afrontar los retos de la era digital. A medida que la aportación del Estado al sector cultural se reduce año tras año -debido a los continuos recortes presupuestarios- el papel de la tecnología y la aportación de los ciudadanos crecerán de forma irreversible.

Los avances tecnológicos de los últimos años han provocado tal transformación en la sociedad civil que su impacto en la organización y gestión de las entidades culturales, así como en el modo en que estas entidades culturales interactúan con sus públicos, es irreversible. En este contexto de transformación sin retorno veremos nacer nuevos modelos de creación, producción y gestión cultural que tendrán como finalidad involucrar al mayor número de entidades culturales, así como tecnológicas, con el fin de generar una cultura más compartida.

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Fotografía: Ansley Creative

Las entidades culturales deberían reflexionar sobre qué procesos internos y externos pueden gestionar más estrechamente con empresas tecnológicas, al igual que con los usuarios. Las posibilidades son infinitas: desde la involucración de los usuarios en la definición de la programación de actividades hasta las aportaciones financieras a través de iniciativas como la financiación colectiva (crowdfunding). Ya no basta con tener una estrategia de marketing y comunicación digital; hay que integrar a las empresas tecnológicas y a los usuarios en todos aquellos procesos de creación, participación y difusión donde el equipo directivo considere que aportan valor. Los gestores culturales del siglo XXI deben asumir que no van a poder, ni deben, controlar todos los procesos de la entidad a la que representan.

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