La cervecería en Yucatán: un siglo de vida

BEATRIZ TORRES GÓNGORA[1]

En el año 2005, la Dra. Beatriz Torres Góngora fue invitada a elaborar un texto para el libro Bebidas y regiones. Historia e impacto de la cultura etílica en México. La publicación se hizo en coordinación con la Universidad Autónoma Agraria Antonio Narro, la UADY, el Consejo para la Cultura y las Artes de Nuevo León y la editorial Plaza y Valdés.

Con motivo del regreso de la Cervecería Yucateca a la entidad, la autora accedió a su actualización y puesta en circulación de este detallado y extraordinario documento en #Coloquio.

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Fotografía: Sarah Dorweiler

Introducción

En el verano de 2002 se anunció el cierre de la Cervecería Yucateca. Para la mayoría de los habitantes de la entidad, la noticia fue inesperada y sorprendente. Con más de un siglo de vida, la Cervecería Yucateca es parte medular de la historia industrial regional.

La importancia de esta empresa proviene es por demás singular: se trata de una de las pocas fábricas sobrevivientes del siglo XX[2], cuyo fundador perteneció a una destacada estirpe de emprendedores con gran influencia en el destino económico del estado. Asimismo, la cervecería constituyó una importante fuente de empleos directos e indirectos en la región y a los trabajadores cerveceros se les reconoce un lugar destacado en el movimiento sindical local.

Adicionalmente, los productos de la empresa cervecera forman parte de la rica tradición gastronómica de Yucatán. Entre los habitantes de la península el cervecear o botanear del medio día es una costumbre muy arraigada que viene de mucho tiempo atrás.

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Fotografía: Tim Wright

Desde el siglo XIX, el consumo de cerveza fue alentado en el seno de una sociedad puritana con atractivos comerciales que la autorizaban como un magnifico tónico reconstituyente para todas las edades. También era ampliamente recomendada para madres y nodrizas; estas últimas, eran muy socorridas en ese entonces por los hacendados henequeneros y personas pudientes.

El lado oscuro de la historia es el uso estratégico que se le ha dado a esta bebida con fines menos convencionales. Algunos pasajes de la historia regional registran el manipuleo de la cerveza y de otras bebidas alcohólicas para conseguir votos titubeantes, romper huelgas o, ya descaradamente, comprar conciencias.

Además, hay que señalar que, en Yucatán, como en otras regiones del país, el abuso de las bebidas alcohólicas se ha convertido en un problema de salud pública con dolorosas consecuencias sociales.

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Fotografía: Zachary Bedrosian

Algunos de estos temas se exploran en este texto. Otros se señalan únicamente a fin de evidenciar la amplitud de sus influencias en la sociedad. El objeto central de estudio es la Cervecería Yucateca como unidad de producción y modelo productivo. No es exagerado decir que en el análisis detallado de su devenir pueden encontrarse los signos de los tiempos que le tocó vivir y, con ellos, de importantes recovecos de la historia regional. Las fuentes utilizadas en la elaboración de este trabajo son principalmente la hemerografía y la historia oral en voz de los mismos actores sociales.

El trabajo se divide en dos partes. La primera, que va de 1896 a 1980. Toca los orígenes de la actividad cervecera y, de manera particular, los de la Cervecería Yucateca. Su conformación se dio con capital local y, según se estilaba en la época, como una sociedad familiar. Empresas así funcionaban generalmente con administraciones de tipo paternalista y sus procesos de trabajo estaban cimentados más en hombres que en máquinas.

Con esta formula productiva, la cervecería se expandió llegando a dominar gran parte del mercado peninsular y algunos puntos de la república. Todo ello, en el contexto regional de una naciente industria de bienes de consumo inmediato que, posteriormente, empata con la política nacional proteccionista; de la que emanan las garantías de bienestar del Estado y surgen los sindicatos fuertes, mismos que se adicionaron al modelo productivo de la empresa proporcionando a sus trabajadores una estabilidad laboral relativa. Esta primera parte culmina con la venta de la planta al Grupo Modelo en 1980.

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Fotografía: Suhyeon Choi

La segunda parte comprende la etapa final de la década de los ochenta hasta julio de 2002. Se inicia precisamente a partir de la adquisición de la planta por un consorcio cervecero del centro del país y se da cuenta del proceso modernizador implementado por los nuevos propietarios cuyos fines fueron incrementar la eficiencia y la productividad de la fábrica con el propósito de exportar sus productos. De allí que fuera necesario romper la antigua formula productiva.

Los tiempos habían cambiado: el mercado global y el predominio de las nuevas tecnologías, ahorradoras de mano de obra, se convertían en el sello distintivo de la época moderna, enmarcada en la adopción de una política industrial nacional de apertura de sus fronteras. Finalmente, la empresa cancela operaciones en la entidad en julio del 2002.

Las interrogantes que se generaron con la venta de la empresa al Grupo Modelo, al igual que las causas del cierre, todavía son motivo de polémica. Lo que resulta indudable es que la historia de esta empresa ilustra tanto las formas operativas de las primeras fábricas yucatecas líderes como el proceso modernizador al que se han visto sometidas en las últimas décadas y algunas de sus consecuencias en el ámbito laboral. Asimismo, en el plano sociocultural es evidente que las huellas que dejó la actividad cervecera en la conciencia colectiva de los yucatecos perdurarán todavía por varias generaciones.

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Fotografía: Ricardo Gómez Ángel

Del henequén a la cerveza

De 1880 a 1918 Yucatán vivió del esplendor henequenero. Fue la época de las grandes haciendas, de las crecientes exportaciones de la fibra y de la llamada casta divina, personificada por dinámicos y motivados emprendedores que lograron amasar inmensas fortunas y poder. Don José María Ponce Solís, sin ser considerado integrante de dicha casta divina —se dice que vivía con austeridad[3]—, fue uno de esos emprendedores notables. Cultivaba henequén en su hacienda Cacao, aunque su fuerte era la comercialización de la fibra, actividad considerada por algunos estudiosos como más redituable que el propio cultivo.

Con capital obtenido del comercio del henequén, el señor Ponce Solís incursiona en la manufactura de hielo (El Polo Norte), dulces (Ambrosía) y chocolates (Néctar). En 1896, se inicia en la fabricación de cerveza llevando a Yucatán maquinaria europea y a experto cervecero extranjero[4]. Cabe señalar que anteriormente —según consigna Suárez Molina (1977: 342) — se habían realizado ya varios intentos de fabricación de cerveza en la península: Carlos Inchausti en 1848, y José María Roche en Campeche en 1850.

Con una inversión inicial de 150 mil pesos, el señor Ponce Solís y Compañía funda La Gran Cervecería Yucateca en la antigua quinta El Perejil ubicada en el cruce de las calles 70 con 63 —hoy zona centro de la ciudad de Mérida— y que ya albergaba a la fábrica de hielo El Polo Norte, también propiedad de Ponce Solís. Las marcas que se producían en esta planta (La Estrella, El Conejo y La Mestiza), se comercializaron individualmente, al por mayor, a través de tres casas: la del señor José María Ponce y Compañía, la Compañía Sucesora de C. Cámara e Hijos y la del señor Rogelio V. Suárez. La fábrica tenía entonces una producción de 300 cajas diarias, cada una con veinticuatro botellas.

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Fotografía: Randy Tarampi

El nacimiento de la industria cervecera en la entidad se inscribe en la génesis misma de la industria manufacturera, que surge alrededor de la segunda mitad del siglo XIX con el establecimiento de las desfibradoras de henequén, de una incipiente industria cordelera y con pequeños talleres de laminados y forja encargados de refaccionarla. Al mismo tiempo, aparecen diversas factorías dedicadas a la elaboración de satisfactores básicos para los habitantes de la zona como son alimentos y bebidas, principalmente. En su mayoría se trataba de fábricas, que como señala García (1979:59) “estaban más cercanas al proceso artesanal que a un proceso industrial moderno”. Esta situación se explica en parte por las características del mercado, descrito por la misma autora como “un mercado débil, en el cual sólo participaban las capas bajas de la población ya que para el consumo suntuario estaban las atractivas mercancías del exterior. Las fábricas que surgieron estaban destinadas a los trabajadores cuyas posibilidades de consumo eran exiguas”.

Desde entonces, la fabricación de bebidas alcohólicas y no alcohólicas ha sido una las actividades empresariales más cotizadas por su potencialidad económica, dado el intenso calor de la región. García (1986) refiere que hacia “1892 la entidad contaba con setenta fábricas que incluían a cuarenta y dos de aguardiente”. Un ejemplo de fábrica de bebidas que ha perdurado es la planta licorera Achurra, establecida desde 1884 y que ha logrado sortear las vicisitudes del tiempo y mantenerse en el gusto de los consumidores, hasta nuestros días. Achurra, al igual que la Cervecería Yucateca, ilustra con su historia las diferentes etapas por las que ha atravesado el sector industrial yucateco y el impacto de las políticas públicas respectivas. Hoy tal empresa cuenta con un nicho de mercado internacional a través de la subcontratación.

De regreso a la empresa que nos ocupa, ésta sufre una primera gran transformación a inicios de 1900. Se constituye como Cervecería Yucateca, S.A. “con un capital social inicial de 300 000.00 pesos plata mexicana, representados por tres mil acciones liberadas, al portador y por un valor de 100.00 pesos cada una”[5]. Desde luego, el socio mayoritario era el señor Ponce Solís y Compañía quien detentaba 1 600 acciones con un valor de 160 000.00 pesos derivados de su aportación a la sociedad de la Gran Cervecería Yucateca y de la fábrica de hielo El Polo Norte. Por ello, fue nombrado como el primer presidente del Consejo de Administración de la Cervecería Yucateca, ahora sociedad anónima; como gerente de la planta, su hijo, el ingeniero Manuel Ponce Cámara.

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Fotografía: Marta Pawlik

A partir de entonces, la expansión de la empresa va en aumento. Junto con los bienes inmuebles, el señor Ponce Solís aporta a la nueva sociedad la concesión de no contribuciones, por diez años, que en 1898 le hiciera a la Gran Cervecería Yucateca[6] el gobierno estatal en manos del señor Francisco Cantón. Otro de los cambios importantes de esa época en la empresa es la desaparición de las marcas anteriores de cerveza y el lanzamiento al mercado de La Carta Clara, La León Negra, La Montejo y la cerveza de barril[7]. Con las nuevas marcas la empresa se convertiría en un gran emporio y se daría a conocer en gran parte del territorio nacional, y posteriormente en el extranjero.

Haciendo un paréntesis, conviene mencionar que en 1925 nace el Grupo Modelo en el centro del país, [8] que con el tiempo se convertiría en uno de los grandes monopolios y cuya estrategia exportadora, después de 55 años de crecimiento, le haría poner los ojos en la Cervecería Yucateca y finalmente adquirirla en 1980.

Es pertinente señalar que la habilidad empresarial de la dinastía Ponce los ha convertido en personajes míticos en el mundo de los negocios en la entidad; una de sus virtudes es el ingenio demostrado a través de los años y las diversas generaciones para transitar mano a mano con los diferentes gobiernos del estado, sin importar los partidos políticos que representen. De esta manera han obtenido ventajas en su quehacer emprendedor y en sus diversos proyectos productivos, situándolos en las ramas más redituables.

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Fotografía: Len de la Cruz

Otro de los elementos al que se atribuye el triunfo de los empresarios Ponce son las relaciones que establecen con sus trabajadores con claros tintes paternalistas; en el caso de la cervecería, a diferencia de las empresas de la época y antecediendo a la ley laboral: “desde su constitución como sociedad anónima, los accionistas acordaron establecer un fondo especial destinado a cubrir el sueldo íntegro de los obreros que se enfermaban y los gastos de médicos y medicinas de éstos”[9] .

Esta preocupación paternalista de los primeros Ponce hacia sus trabajadores —explicado, en parte, como resabio de la hacienda henequenera— junto con el otorgamiento de sueldos y prestaciones mayores en la escala empresarial regional, se ha observado en las  generaciones siguientes, lo que no impidió la organización de los trabajadores cerveceros en el Sindicato de Obreros, Empleados, Conexos y Similares constituido el 25 de mayo de 1934.  Pese a ello, la empresa siguió creciendo al igual que su capital; de los 300 000.00 pesos iniciales en 1900, llega a 500 000.00 en 1903 y a 10 millones en 1950.

Al año siguiente, el 15 de agosto de 1951, se verificó otro de los grandes acontecimientos en la vida de la Cervecería Yucateca. En respuesta a la demanda creciente de sus productos, inauguran una extensa planta equipada con la tecnología más moderna. Esta planta fue ubicada al oriente de la ciudad, en el barrio de Chuminópolis. Al respecto, la prensa local[10] realizó una reseña detallada que expresaba, además de su estrecha relación con la empresa, la importancia del evento, el que fue transmitido por estaciones radiofónicas de Yucatán y Campeche. Al analizar la reseña, una vez más se evidencia la capacidad de convocatoria de los Ponce[11], sus vínculos cercanos con los gobiernos en turno y su imbricación con la sociedad en general[12].

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Fotografía: Kristina Flour

La nueva planta[13], situada estratégicamente en un terreno de 200 mil metros cuadrados fue diseñada para producir 100 mil hectolitros anuales, pero según las declaraciones de la empresa, los edificios que la componen fueron construidos con capacidad para duplicar la producción y albergar el doble de la maquinaria existente. Asimismo, contaba con conexiones directas de ferrocarril para el abastecimiento de combustible, materias primas y envases vacíos.

Corrían los años cincuenta. Los peones de las haciendas henequeneras habían sido liberados, primero por Alvarado (1915) y después por la Reforma Agraria (1935). Se podía hablar entonces de la formación de un mercado de fuerza de trabajo. En consecuencia, de manera lenta pero creciente, se había conformado un mercado interno demandante de bienes de consumo inmediato. Algunos yucatecos estaban abocados a la producción de este tipo de bienes, aunque, en su mayoría, se trataba de factorías caracterizadas como de baja composición de capital y por la procedencia externa de gran parte de sus materias primas (Morales, 1985). Junto con éstas, empezaban a despuntar un grupo pequeño de empresas que por su dinamismo y dominio de mercado fueron consideradas líderes. Éste es el caso de la Cervecería Yucateca.

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Fotografía: Katie Hetland

La producción de cerveza en el piso de la fábrica[14]

 En el contexto descrito y en las instalaciones nuevas ya señaladas, a continuación se sitúa a los informantes a fin de darles voz para conocer el ambiente laboral en el que se desarrollaba la vida interna fabril. Las razones de ubicarlos en este punto son dos: por una parte, se trata del escenario físico y temporal al que se refieren los entrevistados en sus testimonios, a veces de oídas y a veces como actores directos; por otra parte, los actores laborales cuya participación sería determinante en el rumbo de la empresa estaban ya claramente constituidos como tales. De lado de los empresarios, algunos de los miembros de los Ponce inician desde 1936, su incursión en otras actividades productivas; diversificándose con el embotellado de refrescos lo que constituyó el punto de partida para la expansión y consolidación[15]de lo que hoy se conoce como Grupo Ponce. Simultáneamente, con estas acciones se fueron creando las condiciones para la venta de la planta.

En contraparte, la plantilla laboral compuesta por trabajadores de oficio (mecánicos, electricistas, soldadores, herreros, carpinteros, etcétera.) y un gran número de obreros generales formados en la planta habían establecido ya sus relaciones con la empresa, al mismo tiempo que participaban de una vida sindical activa. Años más tarde, en los años setentas se afiliarían a la CROC, donde junto con los gaseros y galleteros llegarían a ser los exponentes principales de la línea dura que caracterizaba a la central obrera de esos tiempos. Esto es, los paros, las huelgas y las asambleas generales constituían sus herramientas principales de lucha laboral. En el centro de estas luchas estaban el ascenso por antigüedad y la no movilidad de puestos.

Juan[16] fue uno de estos trabajadores, su vida estuvo íntimamente relacionada con la de la Cervecería Yucateca. Su padre laboró en ella durante 32 años, como portero de la planta conocía a todo el personal, ya que apuntaba las entradas y salidas en una época en que la empresa no contaba con reloj checador. Al mediodía, Juan le llevaba el almuerzo. En la fábrica todos le conocían y cuando a los veinte años decidió ingresar a ella lo hizo como lo hacían todos: sin el papeleo que vino después, a través del sindicato, y con el aval de su padre. Con esto fue suficiente.

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Fotografía: Ilario Piatti

La continuidad generacional de los obreros era una práctica común en ese entonces y el orgullo ocupacional se transmitía de padres a hijos, lo mismo que algunos afectos. Juan recuerda esos tiempos con “sabor a gloria” pese a reconocer que el trabajo era duro, intenso. “Los patrones no se metían con uno”, evoca; “fue la época de oro de la cervecería”.

Juan entró a la empresa como supernumerario, esto es, lo ponían donde el proceso productivo lo demandara. Si bien la elaboración de la cerveza[17] requiere, por su naturaleza de flujo continuo, de un cierto nivel tecnológico en el que el trabajador se desempeña bajo principios tayloristas-fordistas, en algunas etapas el mismo proceso productivo requirió también de fuerza física masculina abundante. Aquí, en palabras de Juan, se les utilizaba como “burros de carga” y el pago era a destajo, tal como él mismo refiere:

…en el lugar ese que le dije, de envases vacíos, pegaba el camión con 1200 cajas y nosotros descargábamos esas cajas en una especie como de carretas; subíamos las carretas a los camiones y las llenábamos. Cada carreta llevaba 120 cajas; jalábamos las carretas y nos metíamos al envase vacío y allí descargábamos en el piso las 120 cajas, pero eran 1 200 cajas que cargaba cada camión, pero así [ademán de rapidez], como nosotros estamos al destajo había que darle rápido. De ahí te quitabas e ibas a envases llenos. Envases llenos tienes que cargar mil cajas ¡a  lomo!, así. Cuando se trataba de aquí en la ciudad, te ibas con Salim Abraham a descargar 1 000 cajas, luego cargar 1200 vacías —igual, a puro lomo— bueno, la misma rutina. Muchas veces, después de un día como éste, te decían: mañana hay que ir a Campeche; a las tres o cuatro de la mañana pasaban a buscarme, yo ya estaba listo porque me dormía con el uniforme puesto.

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Fotografía: Gustavo Spindula

Lo interesante a destacar es el orgullo y disponibilidad que expresaban los trabajadores, como Juan, tanto en la realización de las tareas más arduas, como en otras descansadas y apreciadas. Se trata de valores lentamente construidos a través de los años y donde la transmisión de la ocupación de padres a hijos juega un papel importante. No es la inexistencia de conflictos, sino de una subjetividad identitaria con un quehacer productivo. Al continuar con el relato de Juan, llama la atención lo que él señala al respecto:

Dentro de la planta, el embotellado es el lugar más alto del escalafón; puedes estar en el departamento de llenos. Allí tienes un salario base como el de todos los de ese departamento, menos el llenador, que era el encargado de línea o los mecánicos (quienes ganaban más). Yo trabajaba en el departamento de lleno; en la lavadora, yo la atendía. Como eran dos lavadoras, nosotros nos rifábamos para ver quién producía más y llenábamos como 1500 botellas por minuto.

Este tipo de competencias y, en general, el testimonio de Juan y de otros informantes  destacan valores como el compromiso, la lealtad, la obligación hacia la empresa, así como una identidad sólida con el trabajo realizado. Los alicientes para la formación de dichos valores son varios y se encuentran relacionados tanto con la organización interna de la empresa, como con la realidad laboral de ese entonces.

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Fotografía: Erol Ahmed

En primer lugar, el trato de los empresarios con los trabajadores generaba un ambiente atractivo de trabajo, según se desprende de los testimonios que ejemplifican con uno corto pero muy elocuente: “¡óigame!, cuando estaba el señor Pedro Ponce, ¡una maravilla! Los Ponce te pagaban todo el tiempo extra y tu cena”.

El derecho a préstamos personales, a través del Banco de Yucatán, propiedad de algunos integrantes del grupo Ponce,[18] era también muy estimado por los trabajadores cerveceros. Esta política empresarial paternalista no descuidó el ámbito de la recreación; para ello contaban con el Jardín Carta Clara y un parque de béisbol, ambos ubicados en el mismo terreno de la planta. El primero era utilizado para fiestas y reuniones, los trabajadores accedían a él con sólo solicitarlo. Además, la disciplina de los Ponce sería hoy vista como muy relajada pues, según cuenta Juan y otros empleados, eran ellos mismos “los catadores de la cerveza; los que mejor sabían de su pureza”, dada la costumbre, convertida en derecho, de “tomarse dos en el almuerzo” y otras más saliendo de la línea de producción. En su opinión, la bebida era de la mejor calidad. Por eso —recuerda Juan— los doctores la recomendaban a las embarazadas y a los enfermos.

En segundo lugar, la estabilidad laboral y las expectativas de logros acumulativos en el mejoramiento de las condiciones de trabajo de los empleados también contribuyeron, de manera importante a que éstos se identificaran con su ocupación y con la empresa. El escalafón posibilitaba el ascenso a tareas más reconocidas y mejor pagadas. Todo ello, al amparo del sindicato. La condición permanente de los puestos y el aprecio de la antigüedad fueron reiterativamente añoradas cuando, años después, las cosas cambiaron. Los crecientes logros sindicales hicieron que los contratos colectivos de los trabajadores cerveceros fueran de acuerdo con el de los más favorables de la época.

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Fotografía: Eli Defaria

Sobre el mercado interno de trabajo en la planta y de acuerdo con el escalafón y la estabilidad en el empleo, Juan refiere:

Yo entré a la empresa como supernumerario, es como que seas un utility. Esto es, te ponen a trabajar donde haga falta. Cuando alguna persona se enferma, o falta a su trabajo, nosotros hacíamos guardia. Un delegado nos la mandaba a un departamento donde había más trabajo. En esa época había pocos empleados. Éramos como 700 u 800 trabajadores. Nosotros ocupábamos una planta hasta que alguien renunciara o falleciera o se inventara un nuevo puesto[19]. Dos años estuve como supernumerario y agarré planta, primero en un lugar que se llamaba bodegas de llenos o bodegas de vacíos. Allí trabajé hasta que otra vez había otro puesto… era un escalafón. A veces tenías suerte y en menos de un año pasabas a un lugar que se llamaba el embotellado que es donde se gana más. Es la última escala. Claro que si sabías manejar, podías aspirar también a ser camionero[20].

La honorabilidad del sindicato, vigilada por los mismos trabajadores a través de la Asamblea General y del Comité de Honor y Justicia, constituye el tercer factor que contribuyó a generar el orgullo, el compromiso y la identidad de los cerveceros yucatecos. Los trabajadores sabían que dichos organismos sindicales, bajo una ética de laboriosidad, justicia y respeto, se encargaban de regular la vida laboral interna de la planta. El ingreso a la empresa se daba a través del sindicato, pero éste estaba obligado a respetar el orden en que se recibían las solicitudes o de lo contrario enfrentaban las sanciones del Comité de Honor y Justicia.

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Fotografía: David Moum

Estos son los elementos más importantes con los que funcionaba la Cervecería Yucateca y le permitieron, en 1975, festejar 75 años de vida. Con un capital que ya ascendía a los 24 millones de pesos y una inversión total superior a los 72 millones, la empresa declaró en ese entonces, dar empleo a 217 obreros y 90 empleados[21], así como contar con un laboratorio de investigación de nuevos productos y control de calidad, cuyo personal trabajaba de tiempo completo. En esta ocasión, Don Arturo Ponce Alcalá, gerente general de la planta dijo: “Para nuestras dimensiones contamos con la maquinaria y la tecnología más moderna que existe en el mercado industrial. La planta tiene todos los adelantos necesarios para producir la cantidad de cerveza suficiente para surtir el sureste mexicano”[22].  Sin embargo, cinco años después, en abril de 1980, la Cervecería Yucateca fue vendida al Grupo Modelo en aproximadamente 970 millones de pesos.

La Modelo en Yucatán

El arribo de la Cervecería Modelo a Yucatán forma parte de una primera oleada de capitales foráneos que incursionan en el subsector de Alimentos y Bebidas en los años ochenta[23] (Torres, 2002:118). Para el bien perfilado grupo monopólico cervecero, el sureste mexicano constituía un mercado atractivo y la planta cervecera yucateca uno de sus objetivos —al igual que otras plantas regionales — en su estrategia de monopolización. Adicionalmente, por su ubicación geográfica Yucatán resultaba favorable para sus expectativas de exportación a Centro y Sudamérica, el Caribe e incluso a la Floridaen Estados Unidos.

Por su parte, varios miembros del Grupo Ponce habían vendido sus acciones y diversificado sus actividades económicas, ya que contaban entonces con varias empresas sólidas. Según declaraciones de sus funcionarios, la operación de venta llevada a cabo en abril de 1980 fue por el 67% de las acciones pues el 33% restante desde tiempo atrás había quedado paulatinamente en poder del Grupo Modelo[24].  Estos reacomodos de capital se dan en el marco de la gestación de un nuevo modelo de industrialización nacional basado en la apertura de los mercados y el fomento a las exportaciones.

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Fotografía: Conrad Ziebland

Pero, a diferencia de la mayoría de los establecimientos del subsector de alimentos y bebidas que, por esos años, funcionaban en la entidad yucateca, la Cervecería se encuentra ya tecnificada, organizada y operando bajo principios Tayloristas-Fordistas. La planta contaba con una definición de puestos fijos de trabajo a lo largo del proceso productivo (de flujo continuo), con una división clara del trabajo, con supervisión directa y escalafón por antigüedad. La configuración del modelo Fordista se completaba con la afiliación de los trabajadores a un sindicato, croquista, ampliamente conocido en la región por su combatividad y efectividad en la lucha por obtener contratos colectivos con mejores condiciones de empleo para sus agremiados, así como por establecer una defensa sólida en el uso de la fuerza de trabajo, cuyos puntos centrales era la no movilidad de puestos y los ascensos por antigüedad.

Los empleados de este establecimiento pertenecían al tipo de trabajador especializado (en una tarea) y a los calificados a través de un oficio (mecánicos, electricistas, etcétera) con amplia experiencia en sus puestos, atributos que el sindicato habían aprendido a vender bien. Ante esta situación, las gerencias cotidianamente enfrentaban presiones que derivaron en problemas de ineficiencia en el manejo de los equipos, desperdicio, rigidez en el uso de su fuerza de trabajo e incluso sabotaje.

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Fotografía: Annie Spratt

Con la venta de la empresa yucateca, se rompió el modelo productivo hasta ese entonces imperante y, con ello, el compromiso mutuo entre empresa y trabajadores. Uno de éstos señala así su desencanto:

…cuando vendieron la fábrica a la Modelo lo hicieron en 400 millones de pesos. Es que… ¿sabe que pasó? Como los Ponce eran varios, todos los parientes tenían acciones. Había unos que no les interesaba la empresa y fueron vendiendo sus acciones. Entonces a la Modelo sólo le faltaba como un 10 por ciento para que se adueñara de la cervecería. Hubo un pleito entre los Ponce y entonces agarró Don Arturo Ponce y vendió el resto de las acciones. ¿Por qué razón lo hizo? Porque ya había hecho la Coca Cola; la cervecería ya no le interesaba.

El imaginario colectivo de los trabajadores cerveceros, alimentado con una fuerte dosis de regionalismo, se expresó en acusaciones a la nueva empresa por pretender  que desaparecieran las marcas locales ya que representaban una fuerte competencia para sus productos[25], principalmente para la Corona, que a partir de la adquisición de la planta se empieza a producir en Yucatán. Este sentir de los trabajadores encontró un gran respaldo en la sociedad local, que vivió la venta de la cervecería como un fuerte golpe al orgullo yucateco. Según uno de los trabajadores entrevistados:

A La Montejo Especial la desaparecieron porque estaba ocupando el lugar de la Corona, era una cerveza que se mandaba por la aerolínea Lufthansa a Alemania. A los químicos les ordenaron ponerle más agua a la cerveza negra. Antes la cerveza era espesa, no podías ver a través de la botella. Era buena, por eso se recetaba a las embarazadas.

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Fotografía: Andrew Gook

Ante este recelo de los trabajadores, el afianzamiento de sus costumbres y de una determinada forma de trabajar, contraria a los objetivos de productividad y calidad que perseguía la Modelo, la nueva dirección implementó una reestructuración total de la empresa. Entre las acciones principales que emprendió se encuentra desde la separación entre producción y comercialización, el debilitamiento del sindicato con la depuración de su plantilla laboral, el adelgazamiento del contrato colectivo de los trabajadores y la incorporación de nuevas tecnologías ahorradoras de mano de obra hasta llegar a la automatización computarizada en 1998.

Desde la óptica de los trabajadores todas estas transformaciones implicaron la muerte de varios departamentos. Los directivos le llamaron modernización y para ello se requería de un “ajuste disciplinario laboral”. Los testimonios de unos y otros así lo expresaron. Uno de los trabajadores señaló:

…cuando llega la Modelo se empieza a modernizar más la cosa, el departamento de vacíos y la cajería se empezaron a empañetar con los montacargas; venía los montacargas, levantaba la paleta, estibaban. Igual pasaba en el departamento de llenos; ya todo era por puras paletas. Ahí fueron muriendo los departamentos; ya el personal fue mermando como mermó también el personal de oficinas. En la oficina metieron computadoras, metieron todo eso y.… desapareció la gente de oficinas. El departamento de camiones igualmente desapareció porque empezaron a poner en cada punto de la ciudad esas bodegas como las de Cervellama, entonces el grupo de camioneros desapareció. Lo que hacían ellos era formar agencias. Iban a la fábrica, cargaban los camiones de ellos, llevaban las cervezas a las agencias. Las agencias tenían sus camionetas para llevarlas…y así murieron muchos departamentos de esos.

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Fotografía: Wendy Aros Routman

Para los directivos, el poder sindical y la cultura laboral de los trabajadores se presentaban como obstáculos para la modernización de sus diferentes áreas.  Sobre esta cuestión, resulta de interés el testimonio del responsable de personal quien comentó que durante la larga vida del establecimiento sus trabajadores alcanzaron un contrato colectivo de trabajo que, desde su perspectiva, llegó a ser muy “abultado”. Alrededor de 1995 y a raíz de la reestructuración emprendida en los años anteriores por la nueva gerencia ya se podían observar algunos resultados de sus acciones, encaminadas al debilitamiento del sindicato y a la depuración de su plantilla laboral. Así lo explica el responsable de personal:

El sindicato desde hace unos cinco años ha tenido un cambio. Ya no es tan difícil como hace diez años intentar algo. Hace diez años ibas a tratar algo y eran problemas, el rechazo de todos. Ahora ya no. El sindicato cambió. Hace diez años, había una tendencia al sindicalismo antiguo, o sea, al trabajador que no hace nada, que necesita muchos ayudantes, el que se va antes de su hora, el que atrasa el trabajo, que flojea, que causa problemas, que es indisciplinado. Hubo recortes de personal hace como cinco y siete años, recortes grandes y eso, como que caló muy hondo en muchos trabajadores y comenzaron a comprender mejor. Con esto se produce un cambio importante, donde el trabajador como que se desorienta y empieza a valorar en otro sentido su trabajo.

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Fotografía: JJ Ying

Paralelamente a los recortes de personal se dio la salida voluntaria de muchos trabajadores simplemente no toleraron estar bajo las órdenes de los “huaches que te querían manejar como a chiquillos”. Uno de ellos añadió:

… cuando entró la Modelo yo me quité, no soporte la presión porque vinieron…, o sea, la Modelo trajo aquí mucho personal de fuera para que nos manejara, muchos encargados de línea, muchos encargados de esto, muchos encargados de lo otro, para que haya más producción de lo que hacíamos nosotros. Además, te trataban como en el reclusorio, como en la escuela; te revisaban tu morral.

 Fueron continuos los ajustes e innovaciones tecnológicas y organizacionales realizados por la Modelo. El período se caracterizó por constantes y cuantiosas inversiones efectuadas en la planta, canalizadas sobre todo a la incorporación de los últimos adelantos tecnológicos[26]. El desplazamiento paulatino de las antiguas marcas locales fue otro de los objetivos de la nueva administración. En 1995, desaparecieron la marca Carta Clara y sustituyeron también las ya tradicionales botellas chaparritas por otras de forma alargada; en 1999, a la Montejo y a la León Negra se les modificó la fórmula y se les cambiaron las etiquetas. Todo en aras de la modernización con fines de exportación.

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Fotografía: Igor Ovsyannykov

Ya desde 1996, un vocero de la Modelo anunciaba el incremento de las exportaciones de la planta local a Paraguay, Argentina y Brasil y con ello, la eliminación de un supuesto subsidio del Grupo Modelo a la planta local. En este ascenso, con un nuevo modelo productivo más eficiente y flexible, el sindicato y sus trabajadores seguían representando un obstáculo para los fines de la empresa. Ese mismo año, tras tensas negociaciones, se revisó el contrato colectivo después del intento patronal por liquidar al personal y efectuar una recontratación[27]. Para entonces, el poder sindical se hallaba muy disminuido, entre 1990 a 1994, perdió muchos de sus espacios de injerencia, destacando principalmente su no participación en el reclutamiento de los trabajadores que, a diferencia de antaño, se empieza a realizar a través de la prensa y la radio. La instauración de los exámenes de conocimientos, de habilidades y aptitudes y los cursos de capacitación que vinieron a sustituir la propuesta del sindicato en la asignación de las funciones a los trabajadores. La antigüedad en el trabajo, ampliamente respaldada por el sindicato, como único mecanismo para la promoción, también fue desechada a cambio de los exámenes, el dominio de operaciones y tareas y la aprobación de los cursos de capacitación.

Ante el desplazamiento del sindicato, el desempeño individual del trabajador cobra relevancia, situación que apunta al mismo tiempo a las transformaciones que actualmente se están aplicando en el mundo del trabajo como la desregulación laboral y la búsqueda  de productividad y calidad en la producción a fin de alcanzar la competitividad.

En noviembre de 1997 la Cervecería Yucateca obtiene la certificación de calidad de sus productos con el ISO 9002, lo que reforzó la atención continua a la capacitación del personal y a la promoción ideológica de la cultura de la calidad entre sus miembros. Todas estas medidas favorecieron aún más su presencia en diversos mercados internacionales.

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Fotografía: Syd Sudjuaan

Esto ocurre en el marco de un aumento desmedido de la competencia entre firmas por el control del mercado de bebidas alcohólicas. La Cuauhtémoc-Moctezuma aprovechó el rechazo de la sociedad yucateca al Grupo Modelo e incentivó el consumo de sus productos a través de una importante red de distribución y comercialización. Asimismo, la industria licorera local conformada por alrededor de veinte pequeñas plantas también compite con una porción considerable del mercado de las bebidas alcohólicas, principalmente entre los consumidores de menor poder adquisitivo.

El obstáculo que representaba el sindicato para los propósitos de modernización productiva de esta empresa, sobre todo por su resistencia a los cambios y su férrea rigidez en el uso de la fuerza de trabajo, parecía resuelto en 1999. Éstas son las palabras del jefe de personal al respecto:

Ahora estamos viviendo una etapa diferente, en la que los trabajadores se han integrado mucho más a los objetivos de la planta, reconocen el sentido del ISO 9000, conocen bien la técnica de calidad total. O sea, el trabajador es un poquito más consciente. Esto ha disminuido las indisciplinas, los accidentes de trabajo, los problemas laborales, los reclamos… Nuestras revisiones han sido muy tranquilas desde hace más o menos seis años.

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Fotografía: Maxwell Young

Pese a las grandes expectativas generadas por todos esos logros y después de celebrar en 2002 con una gran campaña publicitaria el centenario de su fundación, en julio de ese mismo año se anuncia el cierre definitivo de operaciones en la planta yucateca, dejando sin empleo a 500 trabajadores sindicalizados y a un buen número de empleados de confianza.

De nuevo, como en 1980, esta acción fue sorpresiva. La empresa argumentó como causa del cierre una reestructuración profunda de las operaciones del Grupo Modelo en el sureste; reestructuración que tenía por objetivo optimizar los recursos del corporativo. Asimismo, rechazó la existencia de pérdidas económicas de la planta local, aunque aceptó la reducción del mercado yucateco de sus productos a un apenas 37 por ciento. Un vocero empresarial señaló que las relaciones laborales con la empresa siempre se dieron en buenos términos y que los trabajadores cumplieron con las metas de calidad y productividad impuesta por ésta[28].

Aunque estas declaraciones eximían a los trabajadores de las causas del cierre de la planta, se encontraron opiniones contrarias. Una de ellas fue la del líder local de la CROC quien opinó: “ninguna empresa invierte 130 millones en dos años y cierra… se trata de una estrategia para hacerse de personal nuevo con un contrato colectivo “menos cargado” a favor de los obreros”[29]. Si bien quedaba muy poco de la antigua plantilla laboral por efecto de los años y de los despidos, se sabe de la persistencia de comportamientos obreros contrarios a los fines de la empresa Modelo. Para finales de 1999 y contra lo declarado por el responsable de personal, una asistente de producción refiere sobre los trabajadores: “son unos flojos, se van a dormir detrás de las máquinas, agarran cartones de la bodega, los extienden y se acuestan. Además, se roban las cervezas de la línea; los supervisores hacen como que no ven nada. No quieren problemas con el sindicato”.

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Fotografía: Mark Tegethoff

El cierre de la Cervecería puso al sindicato en la mira; fue recriminado públicamente por la misma dirigencia de la central obrera CROC y por algunos sectores de la sociedad yucateca. La desaparición de la Cervecería Yucateca, antiguo orgullo del sector industrial, dejó un vacío que, por sus implicaciones económicas y laborales, resultó difícil de llenar.

Reflexiones finales

La historia de la Cervecería Yucateca motiva la reflexión sobre las transformaciones acaecidas en el mundo laboral de la industria en un espacio regional donde las actividades económicas predominantes son de naturaleza terciaria. Con poco más de un siglo de vida, la actividad cervecera en la entidad en manos de una planta única, da cuenta de las etapas diferentes por las que ha transitado el sector industrial yucateco.

El inicio de la cervecería en Yucatán, a la par con el nacimiento del sector manufacturero, orientado mayoritariamente a la producción de satisfactores básicos, se caracterizó por gerencias familiares de trato personalizado con los trabajadores. En el caso de la cervecería, sus trabajadores construyeron, comandados por un sindicato fuerte, sus espacios de injerencia, espacios posibilitados también por el contexto sociolaboral de ese tiempo. Estos mismos espacios se fueron perdiendo paulatinamente a partir de una nueva administración que apareció en el marco de una política industrial de apertura de mercados. La creciente importancia otorgada a la tecnología en los procesos de trabajo, bajo el influjo del sueño empresarial de las fábricas sin hombres, queda también de manifiesto en este caso. El devenir de la cervecería en la entidad refleja los momentos diversos de la política industrial nacional –primero proteccionista y después orientado a la exportación- y su impacto en las relaciones laborales en el contexto regional.

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Fotografía: Igor Ovsyannykov

Hoy, que la flexibilidad del trabajo, se expresa en la inestabilidad de un empleo y en la variabilidad de las jornadas, turnos y salarios y que se adueña cada vez más de los espacios de producción conviene recordar las implicaciones que trae consigo en materia de lealtad y apego ocupacional. Ambos valores, contradictoriamente, resultan indispensables para alcanzar las tan deseadas certificaciones de calidad a fin de hacer frente a los requerimientos de los mercados globalizados. En este sentido, el caso de la cervecería ilustra la complejidad y las contradicciones que enfrenta el mundo empresarial y laboral en los tiempos de la globalización.

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Fotografía: Alex Read

COMENTARIOS FINALES EN VIDEO:

Bibliografía

García Quintanilla, Alejandra (1979) “Proceso Actual de Desarrollo Económico” en  Mena, Josefina y Reyes, Jorge (editores) ¿Quién decide el Desarrollo de Mérida? Grupo Tecnología Alternativa A.C. Instituto Tecnológico Regional de Mérida. 2ª impresión por Facultad de Arquitectura, UADY, 1983 Mérida, Yucatán.

—————- (1986) Los tiempos en Yucatán. Los hombres, las mujeres y la naturaleza (siglo XIX) Departamento de Estudios Económicos y Sociales de la Universidad Autónoma de Yucatán y Claves Latinoamericanas, México, D.F.

Morales, Jorge (1985) Desarrollo industrial y clase obrera en Yucatán, 1965-1975 Una década de transición. Tesis de Licenciatura en Economía. UNAM, México, D.F.

Suárez Molina, Víctor (1977) La evolución Económica de Yucatán a través del siglo XIX tomo I, Ediciones de la UADY, México, D.F.

Torres Góngora, Beatriz (2002) Modernización Productiva, Sistemas de Trabajo y Recursos Humanos en la Industria de Alimentos y Bebidas de Yucatán. Tesis Doctoral en Estudios Sociales, UAM-Iztapalapa, México, D.F.

Revistas

“1900-1975 Aniversario de diamantes de la Cervecería Yucateca” Revista Juzgue, Mérida, Yucatán. 1975

“Modelo de crecimiento” Las 100 empresas del siglo en México Edición especial, mayo de 1999 p.p. 212-214,  México, D.F.

“Grupo Modelo. Voluptuosa como es la espuma” en Expansión 16-30 de agosto de 2000 Exportadoras e Importadoras,  p.p. 76, 79 México, D.F.

“Modelo de calidad industrial” en Mundo Ejecutivo no. 258 octubre de 2000, p. 34, México, D.F.

“Las Empresas más antiguas en Yucatán” en Populi año1, no. 7 segunda de octubre de 2000, p.p. 4-11 Mérida, Yucatán.

“La Familia Ponce” en Populi año 2, no. 24 s/f, p.p. 13-17 Mérida, Yucatán

HEMEROGRAFÍA

Cervecería Yucateca. Sociedad Anónima. Contrato de Constitución Social, estatutos, concesión y personal de la sociedad. Imprenta Gamboa Guzmán, Mérida, Yucatán, 1900

Estatutos Generales de la Cervecería Yucateca, S.A. aprobados en Asamblea General Extraordinaria, verificada el 14 de febrero de 1900, Mérida, Yucatán.

“Larga historia, tradición que obliga” El financiero, 30 de enero de 1996 Sureste, p.1

“El aumento de las exportaciones “salvó” a los trabajadores de la Cervecería Yucateca” Diario de Yucatán, 20 de julio de 1996

“Más ventas de la Cervecería Yucateca en América del Sur” Diario de Yucatán 16 de agosto de 1996

“Confirman nueva estrategia de una compañía cervecera” Diario de Yucatán, 4 de junio de 1997

“Cervecería Yucateca obtiene la certificación de calidad ISO-9002” Diario de Yucatán, 7 de diciembre de 1997

“Quedan mercados vírgenes para expansión de la cerveza yucateca” ¡Por Esto! 15 de febrero de 1998

“La Cervecería hará más ampliaciones a su planta” Diario de Yucatán 4 de agosto de 1998

“Hoy estrenan nueva presentación de las cervezas yucatecas” Diario de Yucatán,  5 de noviembre de 1999

“El volumen de cerveza exportada por Modelo creció 30%” El financiero, 6 de abril de 1999, Negocios, análisis de empresas p. 30

“Una familia Modelo. La cerveza Corona tiene presencia en más de 140 países” El Financiero 11 de septiembre de 1999, Negocios, Perfil Empresarial p.20

“Cervecería Yucateca continuará con proceso de remodelación de planta” ¡Por Esto! 29 de enero de 2000

“El primer siglo de la primera planta de Cervecería Yucateca” Diario de Yucatán, 31 de diciembre de 2000

“Que la Cervecería Yucateca cerraría el 1 de septiembre” Diario de Yucatán, 24 de julio de 2002

“Inquietud por el probable cierre de la Cervecería” Diario de Yucatán, 25 de julio de 2002

“Intensas gestiones para impedir el cierre de la Cervecería” Diario de Yucatán, 25 de julio de 2002

“Incertidumbre entre los trabajadores. No entienden por qué cerrarían la Cervecería”. Diario de Yucatán, 27 de julio de 2002

“Para la CROC local, el cierre de la cervecería tiene como fin cambiar al personal “viejo y cansado” Diario de Yucatán, 1 de agosto de 2002

“Continúa en la Cervecería el pago de las liquidaciones” Diario de Yucatán, 3 de agosto de 2002

“El licor yucateco, en una senda difícil” Diario de Yucatán, martes 29 de abril de 2003

NOTAS

[1]Investigadora de la Unidad de Ciencias Sociales del Centro de Investigaciones Regionales “Dr. Hideyo Noguchi” de la Universidad Autónoma de Yucatán. Con la colaboración de Wilbur Dzul Noh quien se encargó de la recopilación hemerográfica.

[2] De un total de aproximadamente 40 empresas manufactureras, según el Directorio Comercial de Mérida de 1900

[3] “La Familia Ponce” en Populi, año2, no. 24, Mérida, Yucatán, s/f

[4] al Sr. E. Bannersfeld, norteamericano según el historiador Suárez Molina, op.cit. p.344;  otras fuentes como la revista Populi lo presentan como alemán.

[5] Estatutos Generales de la Cervecería Yucateca, S.A. capitulo II Del capital social y de las acciones. 14 de febrero de 1900 p. 18

[6] Diario Oficial  no. 213, 12 de septiembre de 1898

[7] La distribución de la cerveza en la región estuvo, por muchos años, en manos de un sirio libanés y familiares, los Abraham. Se dice que uno de los Ponce Cámara apostó en un juego de cartas esa distribución  y la perdió. Hoy el Grupo empresarial Abraham es uno de los más fuertes de la entidad.

[8] Fundado por Don Braulio Iriarte el 25 de octubre de 1925 al establecer la primera planta en la ciudad de México, misma que fue inaugurada por el entonces Presidente de México, Don Plutarco Elías Calles.

[9] Suárez Molina, Víctor. La evolución económica de Yucatán a través del siglo XIX, Editorial de la Universidad de Yucatán, México, 1977,  p. 344

[10] “La Cervecería Yucateca inaugura hoy su nueva planta” Diario de Yucatán 15 de agosto de 1951 p.p. 9, 10; “La nueva planta de la Cervecería Yucateca fue inaugurada ayer”, Diario de Yucatán jueves 16 de agosto de 1951 p. 1

[11] En estos años, la gerencia de la Cervecería estaba en manos del Ing. Arturo Ponce G. Cantón (tercera generación) y la presidencia del consejo de Administración la tenía el también Ing. Manuel Ponce Cámara, hijo de su fundador D. José María Ponce Solís.

[12]  entre la concurrida asistencia a la inauguración de su planta se encontraba como invitado de honor el Arzobispo de Yucatán, numerosos funcionarios de gobierno estatales y citadinos, las Cámaras de Comercio y de la Industria de la Transformación, Comandancias de Zonas Militares, clubes de leones, rotarios, vanguardias, liga de Acción Social, representantes de agrupaciones obreras, cantineros, hoteleros, empresas conectadas con el turismo, choferes, camioneros, y público en general.

[13] Esta nueva planta consta de los siguientes edificios: oficinas generales, comedores para empleados y obreros, higiene, piscina, almacén general de repuestos de maquinarias, taller mecánico, sala de calderas, sala de producción de fuerza motriz y refrigeración, edificio de purificación de agua con 4 tanques de abastecimiento (de 80 000 litros cada uno), edificio de cocimiento de cerveza, almacén de materias primas, envases vacíos, sala de embotellado, almacén de cerveza elaborada, chimenea (2 mts. de diámetro y 40 m de altura), 2 tanques de almacenamiento de combustible, una estación de bombeo de combustible, una subestación eléctrica y una planta de recuperación de gas carbónico.

[14] El proceso de fabricación de la cerveza se puede esquematizar en diez pasos: trituración de la malta en los molinos, la malta se mezcla con agua caliente esterilizada, se pasa a un poseedor donde se reposa a una temperatura controlada. Aquí se convierte en cerveza tierna, se filtra, se hierve, se agrega el lúpulo, se filtra nuevamente, se reposa hasta que fermenta, se agrega levadura, se reposa en bodegas frías para su maduración. Finalmente, la  cerveza se embotella o se embarrila.

[15] Actualmente es uno de los grupos empresariales más importantes de la región. El eje económico de su actividad lo constituye la industria refresquera, de la que es franquiciador de una firma internacional importante de refrescos de cola y  también cuenta con marcas propias. Tiene fábricas de cajas para refrescos, envases de plástico, productos de refrigeración, metal-mecánica, distribuciones de automotores, publicidad, etc.

[16] El nombre es ficticio a fin de guardar la confidencialidad del informante

[17] Según Andrade C. Sergio la técnica de fabricación de la cerveza es básicamente la misma desde su aparición, constando de varia fases perfectamente definidas, cada una de las cuales es sometida al escrutinio y perfeccionamiento del maestro cervecero encargado de su elaboración.

[18] El Banco de Yucatán fue fundado el 2 de mayo de 1934 por Arturo Ponce Cámara y en 1979 se fusionó con otros dos bancos regionales para constituirse en el Banco del Atlántico

[19] el subrayado es mío

[20] Los camioneros formaban parte de la plantilla laboral de la empresa y eran los encargados de la transportación de sus productos a la casa distribuidora local, así como a los estados vecinos.

[21] El número de trabajadores no coincide con lo reportado por el trabajador; al parecer los datos del informante son posteriores al aniversario 75 de la planta.

[22] Alcocer, Alfonso P. “1900-1975 Aniversario de Diamantes de la Cervecería Yucateca”, en Revista Juzgue, Mérida, Yucatán, 1975

[23] Algunos de esos capitales adquieren empresas locales mientras que otros llegan directamente a instalarse. Entre los más importantes se encuentra la Gamesa, la Modelo y la Bimbo.

[24] Primera Columna,. Diario de Yucatán miércoles 9 de abril de 1980, Mérida, Yucatán

[25] problema similar refiere la industria licorera de la entidad, compuesta por 23 establecimientos que enfrentan constantes campañas de desprestigio en cadenas de televisión con cobertura nacional financiadas por grandes compañías licoreras.

[26] “17mdnp en nuevos equipos”, El Financiero, 23 de agosto de 1995, México, D.F.; “La cervecería hará más ampliaciones a la planta”. Diario de Yucatán, martes 4 de agosto de 1998, Mérida, Yuc.; “Cervecería Yucateca continuará con proceso de remodelación de planta” ¡Por esto! 29 de enero de 2000, Mérida, Yucatán.

[27] Según declaraciones del delegado sindical  terminaron “tensas” negociaciones. El aumento de las exportaciones “salvo” a los trabajadores de la Cervecería Yucateca. Diario de Yucatán, sección local, 20 de julio de 1996, Mérida, Yuc.

[28] Información tomada de las declaraciones a la prensa del Sr. Jesús Medrano Arrieta, gerente general de la Cervecería Yucateca“Continúa en la Cervecería el pago de las liquidaciones” Diario de Yucatán 3 de agosto de 2002, Mérida, Yucatán

[29] Sr. Pedro Oxté Conrado, Secretario General de la CROC en Yucatán. “Continúa en la Cervecería el pago de las liquidaciones” Diario de Yucatán, 3 de agosto de 2002, Mérida, Yucatán.